SCIO(6), JULIO 2010 – CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

PERÍODO DE PUBLICACIÓN: JULIO DE 2010 A OCTUBRE DE 2011.

INDICE:  Presentación. Religión y cultura (II). El papel de la religión en la configuración de la identidad cultural. Ciudadanía, virtudes cívicas y religión, Eduardo Ortiz Llueca; Religion, Just War and Liberalism, Christopher J. Eberle; Notas escritas para la conferencia Ejemplaridad pública. ¿Por qué elegir, hoy, la civilización y no la barbarie?, Javier Gomá Lanzón; Religión y cultura política liberal: Sobre las discusiones Ratzinger-Habermas, Manuel Jiménez Redondo; Sobre el libro del Emmo. Zenon Cardenal Grocholewski, Universitatea azi Universität heute, José Ignacio Prats Mora; Trabajar por el bien común, camino para la convivencia, José Tomás Raga Gil; Religion, Citizenship and Obligation, Paul Weithman.

 

Texto completo

 

Presentación

 

Religión y cultura (II). El papel de la religión en la configuración de la identidad cultural. Ciudadanía, virtudes cívicas y religión, Eduardo Ortiz Llueca

 

 

Artículos de investigación

 

Religion, Just War and Liberalism, Christopher J. Eberle

Resumen: Las últimas décadas han presenciado una discusión vibrante acerca del papel político adecuado de la religión en las democracias liberales y pluralistas. Una parte importante de esa discusión ha sido una disputa sobre el rol que las razones religiosas y seculares pueden desempeñar en la justificación de la coacción estatal. Muchos teóricos políticos han refrendado una interpretación restrictiva de ese papel. Esta visión restrictiva incluye las siguientes dos reivindicaciones: (1) que las razones religiosas no pueden jugar un rol decisivo a la hora de justificar la coacción estatal y (2) que los ciudadanos y los funcionarios públicos en un sistema de gobierno liberal no deberían aprobar la coacción estatal que exige un apoyo religioso decisivo. Dudo de que haya razones de peso para aceptar restricciones generales de esta clase. Por supuesto, no niego que diversas restricciones delimiten el papel justificativo de las razones religiosas. Más bien soy escéptico con respecto a las restricciones que se aplican a las razones religiosas como clase, a todas y cada una de las consideraciones religiosas y a las razones religiosas como tal. Además, creo que existe una alternativa moralmente más satisfactoria a la visión restrictiva clásica: una alternativa conseguida gracias a lo que he denominado un ideal de compromiso serio.

 

 

Notas escritas para la conferencia Ejemplaridad pública. ¿Por qué elegir, hoy, la civilización y no la barbarie?, Javier Gomá Lanzón

Resumen: la conferencia define qué se entiende por civilizar (establecer límites a la libertad para hacer posible la convivencia) y señala cuáles son las condiciones culturales para que el proceso de socialización se realice con éxito en la cultura. La forma que adopta la civilización en la cultura contemporánea es denominada emancipación; la conferencia estudia si las condiciones para la emancipación moral se cumplen o no en la cultura actual y se concluye que existen algunos obstáculos, como el dualismo vida pública-vida privada, una concepción de la individualidad como excentricidad y la ausencia de costumbres. Finalmente, se muestra cómo la noción de ejemplaridad remueve esos obstáculos.

 

 

Religión y cultura política liberal: Sobre las discusiones Ratzinger-Habermas, Manuel Jiménez Redondo

Resumen: La idea más básica de Habermas en su discusión con Ratzinger en el 2004 es que la filosofía actual no tiene más remedio que abordar el fenómeno de la persistencia de las religiones también desde dentro, como desafío cognitivo. En una sociedad postsecular, que no puede menos que contar con la persistencia de las religiones como tal desafío, la filosofía no puede pretender convertirse ya en juez de la verdad o no verdad de los contenidos de la religión, sino que en ella las mentalidades religiosas y seculares habrían de entender el proceso de modernización como un proceso de aprendizaje complementario, tomándose mutuamente en serio por razones cognitivas: las religiones haciendo derivar los principios de la cultura política liberal de la propia moral religiosa, y la cultura política liberal dando importancia cognoscitiva a las cosmovisiones religiosas sin posponerlas a una cosmovisión laicista, y cuidando de que no se produzca una distribución asimétrica de las “cargas de la tolerancia”. En total coincidencia con Habermas en esa discusión, Ratzinger habla de correlacionalidad entre cultura ilustrada y religión. En el 2006 y 2007 vuelve a producirse entre Habermas y Ratzinger una callada e importante discusión acerca de las bases conceptuales de ese “tomarse mutuamente en serio por razones cognitivas”.

 

 

Sobre el libro del Emmo. Zenon Cardenal Grocholewski, Universitatea azi Universität heute, José Ignacio Prats Mora

Resumen: Se ofrece, en el libro que comentamos, una recopilación de conferencias del cardenal Z. Grocholewski, prefecto de la Congregación para la Educación Católica. Éste, en continuidad con el pensamiento de K. Wojtyla –síntesis de orientación tomista y fenomenológica–, afirma a la persona como sujeto de su existencia más allá de cualquier determinismo. Señala los retos que debe afrontar la educación católica, como son la fragmentación del conocimiento, la mentalidad nihilista y la primacía de la formación tecnológica sobre la humanística. Subraya los siguientes aspectos: la necesaria relación entre razón y fe, la ambivalencia del proceso de globalización, el papel del pensamiento católico en la cultura contemporánea y la función de la universidad como promotora de una formación integral de la persona.

 

 

Trabajar por el bien común, camino para la convivencia, José Tomás Raga Gil

Resumen: Se trata de configurar el papel del hombre en la sociedad y el de la propia sociedad como comunidad de hombres y mujeres llamados a convivir, a relacionarse y, de esa relacionalidad, a engrandecerse como personas y enriquecer a la sociedad para alcanzar sus propios fines con mayores garantías. Para ello se requiere, prima facie, la fijación del objetivo al que tiende naturalmente la propia comunidad; un objetivo que no puede ser otro que el bien y, más específicamente, el bien común; un bien que lo es para la comunidad en su conjunto y para cada uno de los miembros de ésta. Un bien que, para que reúna tales características, tiene que situarse en lo que es esencial en la persona humana y, como esencial, común a todas las personas y propio de cada persona. Ese bien, en términos del lenguaje más actualizado, no puede ser otro que el de desarrollo humano –terminología asumida y consagrada ya por Naciones Unidas– o, con mayor precisión aún, el de desarrollo humano integral, recogido en los textos pontificios de la doctrina social de la Iglesia. El primero viene determinado por variables económicas como la renta o el producto interior bruto por habitante, junto a variables de carácter esencial para la vida del ser humano, como la esperanza de vida o el nivel y esperanza de instrucción, cuyo valor está sometido a los medios que se dispone para ello. El segundo, el desarrollo humano integral, añade a lo anterior los valores espirituales y religiosos que corresponden al hombre por su dignidad y que despiertan en él la fraternidad y la solidaridad, conformando una sociedad más armónica, más fraterna, más justa y más solidaria. El protagonista de todo ello es, como no podría ser de otro modo, el hombre, la persona humana. El hombre como artífice y parte esencial de la comunidad, el hombre capaz de convivir y capaz de participar en esa tarea de alcanzar el objetivo común que, por su grandeza, no puede ser confundida ni quedar sometida a los medios que puedan utilizarse en cada momento para esa unión de esfuerzos y esa comunidad de intereses. Es de esa común construcción de la que surge el consenso para caminar juntos, teniendo siempre presente el fin perseguido y el bien deseado para la comunidad en su conjunto, y para cada uno de sus componentes en su singularidad y en la unicidad de su dimensión material y espiritual.

 

 

Religion, Citizenship and Obligation, Paul Weithman

Resumen: Este artículo analiza las normas que determinan las reivindicaciones de los ciudadanos con respecto a la religión dentro de la política. John Rawls desarrolló la más influyente de todas en su tratado del razonamiento público y en este artículo prestamos una especial atención a sus argumentos. Con frecuencia se afirma que Rawls ha defendido una posición exclusivista y hostil hacia la expresión pública y política de la religión. Se ha demostrado que sus argumentos provienen de un conjunto mucho más diferenciado de premisas que la mayoría de los argumentos para posiciones exclusivistas. Más concretamente, conectan las normas del razonamiento público con la necesidad de resolver un problema de convicción en una sociedad idealmente justa: lo que él denomina “la sociedad bien ordenada”. Ese problema surge porque la sociedad bien ordenada disfrutaría de una especie de estabilidad privilegiada. Al observar el contexto del análisis de Rawls sobre la razón pública emerge una pregunta acerca de la relevancia, si la hay, que este análisis tiene para aquellos de nosotros que vivimos en sociedades que no están bien ordenadas. El artículo concluye suscribiendo algunas de esas cuestiones.

 

 

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