Vivir y convivir en la escuela, por Ángela Serrano

[themecolor]Violencia escolar en centros de educación infantil[/themecolor]

por Ángela Serrano, co-directora del Máster Universitario en Resolución de Conflictos en el Aula

Habitualmente el profesorado me pregunta cómo abordar situaciones de violencia escolar en centros de educación infantil y primeros cursos de primaria, ya que hay mucha bibliografía sobre casos de violencia y bullying en secundaria, pero respecto de infantil y primaria las referencias bibliográficas no abundan.

[themecolor]§1.[/themecolor] Las escuelas como lugares para vivir y convivir

Es de justicia decir  que la mayoría de escuelas son lugares para vivir y convivir donde la convivencia es la dinámica diaria. Pese a ello, hay situaciones de violencia escolar que, ciertamente,  no ocurren mayoritariamente en infantil o primaria sino en secundaria –o, por lo menos es lo que la literatura estadística pone de relieve–- También es necesario en este punto decir que los adolescentes que presentan conductas violentas en secundaria, habitualmente han venido presentando previamente en primaria conductas que indican mediante la indisciplina o algún problema de conducta un desajuste en algún aspecto de su vida. Esto nos lleva a recordar que la violencia se aprende (Sanmartín, 2013): la persona violenta no nace, se hace. La violencia es un proceso de modelado de muchos años y que, en muchas ocasiones, la conducta desajustada de un niño en su desarrollo es una manifestación de ese modelado previo (que ocurre en algún contexto en el que el menor interactúa). Al igual que se aprende a ser violento, también se puede aprender a vivir y convivir.

smiling girls

vivir y convivir en la escuela

Así por ejemplo profesores de primaria narran cómo algunos niños que son más retraídos, tímidos y poco comunicativos son “estigmatizados ya en primaria” por otros compañeritos que los insultan, les ponen motes, los aíslan, o incluso aprovechan los lugares menos vigilados como los baños, o los patios de recreo, para hacerles estas cosas. En la mayoría de ocasiones los profesores observan estas conductas e incluso las comentan entre ellos, ya que son del conocimiento del claustro de profesores.

[themecolor]§2.[/themecolor] Algunas cuestiones a tener en cuenta

En este artículo se plasman algunas cuestiones a tener en cuenta para este tipo de casos que ocurren en primaria, en los que se presentan indicadores tempranos de aislamiento y exclusión que los profesores en ocasiones ingenuamente minimizan, cuando en realidad son un indicador temprano de un problema más grave como la violencia en el futuro.

[themecolor]Lo primero[/themecolor] es recordar que la escuela es un lugar para vivir y convivir. Por tanto un profesor no debe minimizar este tipo de conductas de aislamiento sobre un menor, pensando errónea o cómodamente que

los niños en el colegio se las tienen que arreglar solos”,

o que estos niños deben

aprender a defenderse porque la vida es un escenario duro”.

La escuela no es un escenario cualquiera, la escuela es un contexto social, es un espacio para aprender a convivir y todo lo que ocurre en la escuela es responsabilidad del profesorado y personal del centro, cuya función es asegurar que el niño tenga en la escuela un entorno sano y seguro.

Los seres humanos no nacemos sociales, nacemos anárquicos y nacemos siendo “uno” egoísta y exigente. Aprendemos a ser sociales y la escuela es un gran escenario para ello. Lo niños no deben aprenderlo solos. Ser social se aprende en sociedad, es decir en la escuela: segundo escenario social para el niño después de la familia.

[themecolor]Lo segundo[/themecolor] por hacer es que, conociendo la situación, el tutor de la clase ponga en marcha un programa de prevención de violencia o aislamiento para el niño en cuestión. Por una parte, debe incentivar las horas de vigilancia en los espacios más proclives a las agresiones (baños, patio y entrada y salida del centro). Por otra parte, la tutora o tutor debe entrevistarse con los niños que acosan, o agreden al menor e interpelarlos sobre el comportamiento violento (propiciando la reflexión sobre hechos muy concretos. No se trata de preguntar y confirmar la situación, ya que se supone que, cuando el profesor hace esto, ya ha comprobado el aislamiento y las agresiones al niño. Se trata de llamar la atención claramente, exponiendo las posibles sanciones por un comportamiento inaceptable), sin comprometer nunca el nombre del niño víctima.

Citar a los padres de los niños que “agreden” (por separado, para indicar lo que ocurre, y acordar con ellos las posibles medidas correctoras. Aplicar una sanción por igual a los niños involucrados, dejando claro a los niños el motivo de la sanción (esto se hace individualmente y nunca frente al grupo. Nunca debe enfrentarse a los niños con la víctima, ni siquiera nombrarla en la entrevista individual de la tutora con ellos. No se debe tampoco dar información del niño victimizado a las familias para no re-victimizar –la intimidad de la víctima es un aspecto importantísimo-).

[themecolor]Lo tercero[/themecolor], iniciar un programa de tutorías grupales. Si es en la escuela infantil y primaria, podría ser a través del teatro, (por ejemplo: hacer una semana de dinámicas de juego de roles). Enfocar el trabajo de la semana sobre el respeto a la diferencia, creando refuerzos grupales para los alumnos que cada día trabajen con amigos diferentes, de tal manera que, al finalizar las dos semanas, todos los alumnos hayan trabajado por parejas con compañeros diferentes cada día y así promover la integración y conocimiento de los niños que no se relacionan de forma espontánea con los demás.

[themecolor]Lo cuarto[/themecolor],   empezar con la víctima un trabajo de refuerzo positivo sobre conductas en las que sobresalga por alguna cuestión valiosa de su personalidad, identificar sus fortalezas e impulsarlo desde los aspectos más fuertes para afianzar su seguridad y confianza.

Realizar una tutoría con los padres del niño victimizado a efectos de crear los mismos refuerzos positivos sobre la conducta a destacar en casa.

Estas acciones concretas, permiten intervenir a tiempo en situaciones donde el aislamiento y la burla son el caldo de cultivo para situaciones de bullying. Vale la pena destacar que tanto los niños víctimas como los niños que se comportan de forma violenta contra un compañero, son niños en proceso de formación, por tanto merecen que los eduquemos en conductas prosociales, con acciones que constituyan una verdadera educación, como es educar la persona, y asegurar que la escuela es un lugar para vivir y convivir.

Infografía: http://hijosypadres.files.wordpress.com

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Angela Serrano
Doctora en Pedagogía. Profesora titular de la Universidad Católica de Valencia, Sus áreas de investigación son los problemas de conducta, la violencia escolar, el maltrato infantil y la inclusión educativa. Es Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en e Aula. Autora de diversos artículos, informes y estudios sobre el tema.

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