Vinculación afectiva y conflictos familiares en el confinamiento, por Isabel Iborra

Vinculación afectiva y conflictos familiares en el confinamiento, por Isabel Iborra Marmolejo, profesora del Máster en Resolución de Conflictos en el Aula

Si hubiera que señalar dos aspectos como los más relevantes en relación con el papel de los padres en el desarrollo de los menores, la mayoría de los autores hablarían del establecimiento de límites y la vinculación afectiva. Esos son precisamente los dos ejes principales que se utilizan a la hora de clasificar los modelos educativos familiares. A la importancia del establecimiento de límites en la prevención de problemas de conducta en menores ya hemos dedicado algún artículo del blog. En esta ocasión, nos vamos a centrar en la relevancia de la vinculación afectiva en la formación del apego y en el papel que esta puede desempeñar en situaciones de conflicto.

No es objeto del presente artículo describir los tipos de apego, no obstante, remito al lector a otros artículos del blog para revisar la tipología, en caso de considerarlo necesario. La diferenciación básica es distinguir entre el apego seguro y los inseguros (de oposición, de evitación o desorganizado).

Hay determinados factores que pueden afectar a las figuras de apego, incluso a las más sensibles, y con ello, al desarrollo de un apego seguro. Entre ellos, se pueden destacar el estrés del ambiente familiar o las tensiones de pareja.

Por una parte, la relación entre los padres, esta desempeña un papel muy relevante en la transmisión de los patrones de crianza y seguridad del apego a los hijos.

Por otra parte, la existencia de estrés en el contexto familiar es un factor que puede afectar tanto a las prácticas de parentalidad como al desarrollo de un apego seguro. Una situación de confinamiento, en la que padres e hijos han de compartir mucho tiempo en un espacio físico limitado, puede actuar como un factor de riesgo para la aparición de diversos conflictos, ya sea de pareja o entre padres e hijos. Los conflictos en sí no son un problema, son choques de intereses naturales que surgen en el día a día. A mayor contacto, mayor posibilidad de que surjan conflictos.

Los conflictos pueden suponer, incluso, una oportunidad para el desarrollo de los menores y el crecimiento personal. El problema sobreviene cuando no se cuenta con los recursos necesarios para abordar o gestionar adecuadamente los conflictos. Cuando esto ocurre, los conflictos pueden afectar a la calidad del apego.

Hay distintas perspectivas sobre la continuidad del apego. La perspectiva del prototipo sugiere que el apego temprano marca las interacciones a través de todo el ciclo vital, mientras que la perspectiva revisionista considera que la vinculación afectiva puede cambiar ante nuevas experiencias. Con todo, la mayoría de las investigaciones coinciden en afirmar que hay cierta estabilidad en el tiempo en el apego. Esto puede suponer que, ante una situación de estrés o conflicto, como podría ser la de un confinamiento, contar con una buena vinculación afectiva padres-hijos y, por tanto, de un apego seguro, ofrecerá herramientas a ambas partes para afrontar y gestionar de forma adecuada el conflicto.

Pero ¿en qué sentido puede ayudar una vinculación afectiva segura de forma positiva para la gestión del conflicto?

La vinculación afectiva influye en la forma en la que los menores responden a las amenazas y a los conflictos, además de en la forma que tienen de relacionarse con otras personas fuera del núcleo familiar. Los menores que desarrollan un apego seguro con sus padres tienen un mejor desarrollo y esto se ve reflejado, al menos, en tres aspectos: su autoconcepto, su regulación emocional y su competencia social. Los tres son aspectos que van a servir como herramientas básicas de afrontamiento de conflictos.

En primer lugar, el componente afectivo del autoconcepto, la autoestima y, en concreto, la baja autoestima, se relaciona con la aparición de problemas de conducta en los menores.

En segundo lugar, en relación a la regulación emocional, los niños seguros son más proclives a expresar abiertamente sus emociones, a ayudarse de sus progenitores para regular sus estados emocionales negativos, como la ansiedad o la cólera, y a presentar una mayor tolerancia a la frustración.

Por último, en cuanto a la competencia social, los menores con apego seguro son más sociables, tienen un comportamiento menos colérico y agresivo, tienden en menor medida a atribuir intencionalidad hostil a los demás y son más prosociales.

En definitiva y como conclusión, el confinamiento puede suponer un reto tanto para las relaciones de pareja como para las relaciones entre los padres y los hijos, dado que es una situación en la que pueden surgir numerosos estresores (tiempo y espacio compartidos, compaginación de tareas, problemas económicos, etc.). Aquellas familias que hayan dedicado tiempo y esfuerzo en fortalecer la vinculación afectiva (tiempo de ocio juntos, refuerzos, comunicación abierta, disponibilidad, sensibilidad emocional, etc.) van a contar con más recursos personales a la hora de afrontar los posibles conflictos que puedan derivarse del confinamiento o de otros estresores presentes o futuros.

Bibliografía de base

Cantón, J., Cortés, R. y Cantón, D. (2011). Desarrollo socioafectivo y de la personalidad. Madrid: Alianza.

 

Imágenes: pixabay

Máster en resolución de conflictos en el aula

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Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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