Sentirse querido. El papel de la teoría del apego durante la infancia.

A pesar de las diferencias en los estilos educativos, una duda existencial entre todos los que nos dedicamos a la educación de los niños, es la importancia de la teoría del apego, sentirse querido, es una premisa es esencial seamos padres o maestros, en algún momento ha sido la cuestión … ¿lo estaré haciendo bien?

Es de tal magnitud lo que tenemos entre manos, que ante esos momentos de inseguridad, yo siempre recurro a la misma respuesta… “lo más importante es que reciban amor”, para todo lo demás hay habilidades, métodos, técnicas que aprender y miles de artículos también sobre prácticas educativas…, pero de la importancia de esa respuesta, LO MÁS IMPORTANTE PARA UN NIÑO ES SENTIRSE QUERIDO, que a veces utilizo como un mantra, es de lo que quería hablaros.

No es exactamente del amor sobre lo que voy a escribir, pero sí de la importancia de que los niños se sientan queridos. No importa solo cuanto se les quiere, es necesario que ese amor y cariño les llegue, lo perciban y reciban en forma de una relación afectiva de confianza y seguridad. Este vínculo afectivo que se establece entre el niño y sus figures principales de cuidado es lo que en psicología se ha estudiado como teoría del apego.

Desde los estudios de John Bowly (1969) sobre la teoría del apego en los años sesenta y setenta nunca se ha dejado de investigar sobre los vínculos afectivos hasta convertirse en una de las teorías más solidas e influyentes de la psicología. La teoría del apego desarrollada por Bowly describe la consecuencia que producen las experiencias tempranas de la infancia y la relación con las figuras principales de cuidado en el desarrollo del niño, basándose en principios de la etología y el psicoanálisis.

El apego se puede definir como un vínculo afectivo que se forma entre el niño y cada una de las personas que son significativas para él, que satisfacen sus necesidades emocionales y los cuidados básicos. Tradicionalmente se estudió el apego desde la díada madre y niño, pero hoy en día no se puede entender la importancia del apego si no es formando parte de un sistema familiar. Los niños van construyendo representaciones mentales a lo largo de su infancia basadas en las experiencias de su interacción con la familia. Éstas representaciones contienen sentimientos, pensamientos y significados acerca de cómo sus cuidadores responden a sus demandas emocionales. La importancia de la teoría del apego reside en la influencia que va a tener este modelo en las expectativas del niño según va creciendo, guiando su comportamiento y sus relaciones posteriores. Es decir, que la experiencia del niño con sus cuidadores va a tener un rol fundamental en la capacidad posterior del niño para establecer vínculos afectivos con otras personas. Ahí, tenemos los padres y cuidadores un papel decisivo durante la primera y segunda infancia porque los niños se alimentan fundamentalmente de afectos.

Para Bowly lo que va a determinar cómo sea el apego del niño va a ser la disponibilidad y sensibilidad de los padres a las señales emocionales del niño. Aunque los estudios nos han demostrado que este es un factor importante, hay que recordar que no es único, también los sistemas familiares, la relación afectiva entre los padres, y otros factores de riesgo como pueden ser algunos eventos vitales, o determinadas experiencias reiterativas en el contexto escolar, pueden influir en el desarrollo de vínculos afectivos seguros o inseguros.

Tradicionalmente la historia de los estudios sobre el apego se ha relacionado con la psicopatología, hay mucho escrito sobre los estilos de apego inseguro: el evitativo y ambivalente. Estos estilos de apego, desarrollados en un primer momento por Ainsworth, que trabajó con Bowly en un experimento clásico, llamado Situación del Extraño, observó las reacciones de los bebes ante una situación estresante y ante las conductas de consuelo de las madres.

Ainsworth (1978) describió tres patrones diferentes en las interacciones madre-hijo. Los bebés con “apego seguro” mostraban conductas de exploración del entorno activas y se disgustaban ante la separación de la madre pero se consolaban fácilmente ante su llegada. Los bebes de “apego inseguro evitativo” no se disgustaban cuando se separaban de la madre, presentaban conductas de distanciamiento y evitación del contacto próximo. Y por último, los bebes de “apego inseguro ambivalente”, mostraban conductas ansiosas y no se calmaban con facilidad ante los intentos de consuelo de la madre. Este tipo de respuestas de los bebes evitativas, ambivalente o seguras, se relacionaron con la sensibilidad de las madres ante las demandas de sus hijos. Encontraron que los bebes que reaccionaban desde el tipo de apego seguro tenían madres que respondían a sus necesidades de manera constante y cariñosa; los bebes de estilo inseguro evitativo no tenían respuestas ante sus demandas, y los bebés inseguro ambivalente habían tenido respuestas de las madres de forma inconsistente, en unas ocasiones las madres se mostraban atentas y en otras se mostraban insensibles.

Pero he empezado este breve artículo hablando de la importancia de que el niño “se sienta querido”. Y por eso, voy a hacer un esfuerzo por hablaros solo del apego seguro, sin caer en las comparaciones con los estilos de apego inseguro, con el objetivo de dar un fundamento teórico y científico a esa creencia que nos queda a toda madre, padre y educador cuando nos entra el miedo de no hacerlo bien… “lo fundamental de la educación es que los niños se sientan queridos y reciban nuestros afectos”.

El niño que desarrolla un apego seguro siente la disponibilidad de esa persona importante lo que favorece que se desarrolle un sentimiento de seguridad y genere expectativas positivas acerca de la disponibilidad de los demás. Esto ayuda a los niños en situaciones de estrés a reconocer las emociones y a recurrir al apoyo social en caso necesario.

Hay estudios qué han relacionado los estilos de apego y los síntomas de ansiedad y depresión en la infancia (ver en Garrido-Rojas, 2006). Encontrando que los niños con apego seguro tienen menos niveles de ansiedad y depresión; además muestran estrategias de afrontamiento ante los problemas más positivas, y suelen ser más empáticos hacia otras personas.

También se ha estudiado la teoría del apego asociado al tipo de emociones más frecuentes, encontrando en las personas con apego seguro mayor cantidad de emociones positivas como la alegría, placer, calma, confianza y tranquilidad.

Con relación a la capacidad para manejar y regular los estados afectivos internos, Sroufe (2000) señala que los niños con apego seguro expresan mejor sus emociones, muestran más conductas de curiosidad y exploración. También tienen una mejor capacidad de regulación emocional, mostrando flexibilidad ante emociones intensas, ya sean positivas o negativas y adecuan la expresión de sus impulsos según el contexto.

Lecannelier (2002) estudió la teoría del apego en los niños prestando atención a las diferencias en su narrativa. Encontró que los niños con apego seguro describen mejor las emociones, mostrando que se sienten cómodos expresando sus afectos sin restricciones emocionales.

Los niños que han crecido con un apego seguro se saben aceptados por los demás y confían en la buena voluntad de los demás, lo que les permite también ser más altruistas y entusiastas. En general, los estudios indican que los niños con apego seguro tienen mayor bienestar y ajuste psicosocial en la edad adulta. El apego seguro hacia personas significativas nos acompaña toda la vida, ya sean estos progenitores o maestros.

 

El apego tiene su origen en la infancia, pero las funciones esenciales del apego permanecen a lo largo de toda la vida: el deseo de proximidad con la figura de apego, el contacto privilegiado, los sentimientos de seguridad y bienestar de ese contacto. Lo que va a cambiar con los años son las formas de mantener esa proximidad. Por ejemplo, cuando el niño llega a la adolescencia, siguen necesitando de esa disponibilidad e incondicionalidad de las figuras de apego para sentirse seguros y ser capaces de abrirse a otras relaciones sociales. El apego seguro se caracteriza en esta etapa por una elevada confianza, patrones adecuados de comunicación y elevada cercanía. Por eso, padres y educadores, lo fundamental en la educación es que nuestros hijos y alumnos sientan amor, cariño y estima, como base y principio para cualquier educación.

 

Más información sobre este tema; https://www.youtube.com/watch?time_continue=48&v=HcTdx0OJjl4&feature=emb_title

 

 

 

Referencias:

Ainsworth, M. D. S. (1978). The Bowlby-Ainsworth attachment theory. Behavioral and brain sciences, 1(3), 436-438.

Bowly, J. (1969). Attachment and loss. Attachment. Hogarth, London.

Garrido-Rojas, L. (2006). Apego, emoción y regulación emocional. Implicaciones para la salud. Revista latinoamericana de psicología, 38(3), 493-507.

Lecannelier (2002). La entrevista de apego de ninos Child Attachment Interview-Cai. Revista Terapia Psicológica, 20, 53-60.

Sroufe (2002) Early relationships and development of children. Infant Mental Health Journal, 21, 67-74.

 

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Margarita Gutiérrez Moret es profesora de la Facultad de Psicología, Magisterio y Ciencias de la Educación de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” y profesora del Máster Universitario en Resolución de Conflictos en el Aula de esta misma institución.

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