La sintonía en la relación, clave del cambio en familias y adolescentes, por Mauro Bolmida

La sintonía en la relación, clave del cambio en familias y adolescentes, por Mauro Bolmida, profesor del Máster en Resolución de Conflictos en el Aula de la UCV

La sintonía en la intervención terapéutica consiste en un estado de interacción en el que las personas involucradas cambian de forma armónica y proporcional. En una relación sintónica las diferentes partes se “sienten” comprendidas a pesar de la posibilidad de tener argumentaciones diferentes y no llegar en un principio a un acuerdo. En esta situación de sintonía las personas pueden tener visiones diferentes pero se sentirán aceptadas y confirmadas, si no en las argumentaciones, sí como personas. Veremos como muchas veces los problemas no se consiguen solucionar no tanto por un problema técnico estratégico, sino porque no se ha construido una buena sintonía entre las partes.

A menudo padres y profesores piden ayuda para solucionar problemas con adolescentes más o menos conflictivos. La queja principal por parte de los adultos es que los adolescentes no quieren escuchar, no entienden lo que es más conveniente para ellos mismos. Paradójicamente, cuando conseguimos hablar con algún joven este referirá una cosa muy parecida: “es que mis padres y mis profesores no me entienden, ¡no me escuchan nunca!”. Evidentemente, en esta situación ninguno está dispuesto a modificar su postura y los adultos se pondrán más serios y duros y los chicos y chicas resistirán; las dos partes se pondrán rígidos evitando modificar su visión convencidos, los dos, de que su visión de la realidad es la totalmente correcta.

Si quisiéramos aplicar el “problem solving estratégico”, lo primero sería determinar concretamente cuál es el problema. Resulta importante, para evitar confusiones, el uso de preguntas adecuadas en la primera entrevista, y las aclaraciones más importantes serán relativas a los siguientes elementos:

  • Qué: entender exactamente lo que ocurre en los momentos que se presentan los comportamientos problemáticos. Será importante diferenciar como ya hemos dicho las interpretaciones de la observación del comportamiento.
  • Quién: por ejemplo, averiguar si el comportamiento disfuncional se puede producir en cualquier momento o si se presenta durante la presencia o la ausencia de alguna persona en particular.
  • Cuándo: es posible que alguna situación problemática tenga referencia al tiempo y al momento; es importante determinar si hay una regla que pueda describir estos comportamientos.
  • Dónde: tal vez el lugar determina la insurgencia de determinados comportamientos. Se pueden presentar casos de adolescentes que, por ejemplo, en la escuela tienen muchos problemas que no tienen con la familia o con los amigos.
  • Cómo: entender el desarrollo del comportamiento, sus raíces y su evolución.

Después de haber estudiado el problema, tendremos que analizar cómo funciona el sistema disfuncional familiar o escolar a través del análisis de las relaciones entre adultos y jóvenes. Frente a los problemas, la mayoría de las familias o de los profesores reaccionan siguiendo un guion bastante parecido y entre tantos destacamos los siguientes intentos de solución disfuncionales:

  • Razonar: en este primer caso, los adultos “explican” al adolescente dónde se equivoca y quieren, con esto, que él entienda y se corrija porque lo que le están comunicando es claro e inequívoco. En esta situación los progenitores y docentes consideran que el adolescente tenga que “reconocer” su propia equivocación concienciándose y cambiando consecuentemente sus comportamientos. Es típico el caso de los problemas con el estudio: los padres intentan persuadir al hijo para estudiar a través del razonamiento basado en el hecho real de que, si no se estudia, no se podrá tener éxito en el mundo laboral, no podrá ganar dinero, etc. Normalmente estos argumentos, como saben muy bien todos los profesores, no tienen mucho éxito en provocar cambios en los hábitos conectados con las tareas escolares. Con adolescentes espabilados, esta técnica se puede volver contra los mismos padres, ya que se puede fácilmente decir que muchas personas, a pesar de los estudios, están sin trabajo o con trabajos inadecuados. Cuando los padres o profesores que adoptan esta solución se encuentran sin argumentos pueden llegar a zanjar el dialogo con: “¡Es así porque lo digo yo!”. Frente esta afirmación todos los razonamientos y la negociación pierden totalmente su efecto y los adolescentes se sienten, una vez más, obligados contra su propia voluntad.
  • Sermonear: en este segundo caso los padres y muchos profesionales intentan, más que explicar la situación, hacer ver todos lossintonía aspectos negativos del comportamiento de los adolescentes. Se habla de todas las cosas que no están bien sin ofrecer alternativas; el objetivo es que los adolescentes vean que lo están haciendo mal. En esta segunda forma de relación los adultos se ponen en un plano de superioridad respecto al hijo como si conocieran la “verdad absoluta”. Esta forma de comunicar provoca mucha resistencia en los adolescentes, porque para ellos demuestra que los mayores están como cegados por sus verdades y son incapaces de entenderlos y de poder interactuar con ellos. Los jóvenes tienen muchas veces la sensación de que los demás estén más preocupados por la imagen de la familia y de la escuela que de los problemas que se han creado. Sermonear provoca, en la mayoría de los casos, no solo una dificultad en la comunicación, sino una verdadera fractura generacional que difícilmente se puede sanar si una de las dos partes no empieza un cambio radical.
  • Castigar: a menudo uno de los primeros intentos por corregir conductas disfuncionales son los castigos más o menos severos; haciendo esto esperan que el adolescente pueda comprender cuánto se está equivocando y cuánto debería cambiar. Pero muchas veces los castigos impartidos no son mantenidos o, cuando lo son, resultan ser inadecuados o no proporcionales al hecho realizado por el hijo. Los castigos además tienen un defecto: no pueden seguir las escaladas activadas por los jóvenes. Estos cada vez hacen cosas peores y los castigos no pueden convertirse cada vez en más duros, además de que la mayoría de las veces no se tienen posibilidades reales para que se realicen. Los adolescentes consideran los castigos como una reacción a sus comportamientos; ser castigado muchas veces no produce ni vergüenza ni dolor, sino que proporciona el control de la situación a los hijos. “¡Tú me has castigado porque YO me he portado mal!” Los hijos aceptan los castigos como si fuesen la prueba de su superioridad respecto a los mayores y, vista así la situación, es muy diferente de la que quisieran los que habían impartido el castigo. En esta situación de pulso entre padres e hijos la mayoría de las veces ganan los hijos y de este modo todos los castigos se convierten en inútiles.
  • Chantajear: otro intento, esto sobre todo por parte de los padres, es que los adolescentes vean los daños que les están haciendo con sus comportamientos. Esto es típico de las familias donde los padres no consiguen mantener una posición constante y cuando se ven derrotados intentan provocar sentimientos de culpa en los hijos. Aunque esta modalidad puede provocar algún cambio inmediato, al poco tiempo nos llevará a otros problemas en la relación entre padres e hijos. Los padres que adoptan esta forma de relación serán vistos por los adolescentes como débiles y por eso poco capaces de “regatear” con ellos. Es posible incluso, tal vez, que el adolescente declare que para no hacer daño cambiará, pero los cambios serán porque muchas veces tienen problemas muy importantes por los puntos de vista respecto a la vida y más concretamente respecto a las situaciones poco duraderas. Otra dificultad añadida en esta forma de relación es que, en caso de problemas o dificultades de los adolescentes, estos no irán a hablarlos con los padres, precisamente porque los consideran débiles.

Las modalidades que hemos visto tienen un punto en común, que debería ser el adolescente el que comparta los puntos de vista de los adultos, sin que sus creencias y sus puntos de referencia sean importantes. Para cualquier persona es difícil admitir que se está equivocando totalmente y más para un adolescente que tiene una visión totalitaria y a menudo rígida de la realidad. Pascal decía que “nadie quiere admitir que se equivoca, pero todos estamos dispuestos a admitir que el nuestro es uno de los muchos puntos de vista de una misma realidad”. Si seguimos lo sugerido por Pascal, deberíamos empezar a estudiar y valorar el punto de vista del adolescente antes de intentar cambiarlo. En otras palabras, lo que nos sugiere es entrar en una sintonía con nuestros interlocutores para poder modificar sus puntos de vista respecto a la vida y más concretamente respecto a las situaciones problemáticas.

Compartir una realidad para entrar en sintonía con un adolescente es muy importante porque muchas veces, casi la mayoría, los adolescentes nos traen realidades absolutamente no compartibles desde un punto de vista adulto. Este elemento frena a muchos padres, profesores y también profesionales porque se creen que aceptar, aunque solo estratégicamente, determinadas realidades, pueda reforzar las ideas del adolescente y producir una rigidez aún mayor sobre algunos temas. Esto puede ser cierto; no tenemos que avalar lo que nos traen los adolescentes, pero debemos tenerlo en consideración. Esto quiere decir que el profesional no tiene que dar la razón a los adolescentes, pero al mismo tiempo no puede decirles al principio de la conversación que se está equivocando, ya que esto produciría un cierre y nos considerarán personas que no entienden nada, “¡así como mis padres!”. Cuando intervenimos con niños y adolescentes y los escuchamos sin intentar ser los que explican, sermonean, amenazan, o castigan, ellos tienen reacciones de sorpresa; a menudo no saben que hacer se encuentran sin un contrincante y pronto se quedan también sin argumentaciones.

Por tanto, consideramos el punto central de la intervención con familias y adolescentes la construcción de una SINTONIA que permita poder interactuar con personas que a menudo no quieren colaborar con nosotros y que tal vez llegan con el objetivo de hacer fracasar la intervención y descalificar el profesional.

Uno de los primeros pasos para generar una buena sintonía es evitar todas aquellas conductas comunicativas que la dificultan y entre tantas se destaca:

  1. Empezar por afirmar las propias opiniones y sensaciones, sin permitir al otro la posibilidad de expresarse.
  2. Estar convencido de tener razón.
  3. Insistir a pesar de las reacciones negativas del interlocutor, que protesta y se pone a la defensiva.

Estas formas de dialogar alimentan el enfrentamiento, desencadenando una escalada simétrica donde cada uno tira de la cuerda tratando de llevar al otro hacia la propia posición. Los adolescentes, cuando se encuentran en una de las relaciones que se han destacado, solo podrán responder con la misma moneda, rechazando cualquier forma de relación con los adultos.

Si queremos no solo evitar el enfrentamiento sino empezar a generar una buena comunicación que lleve a la sintonía y con ella al primer paso para solucionar problemas, tendremos que aprender y utilizar el lenguaje del cliente. Esta modalidad de comunicación fue denominada por Bandler y Grinder (1975) técnica del “calcado comunicativo” y se fundamenta en la utilización del lenguaje y de las representaciones de nuestro interlocutor para construir sintonía con su percepción de la realidad y así reducir notablemente la resistencia al cambio. En otras palabras, quien quiere guiar el diálogo tendrá que quedarse en una posición de espera para aprender el lenguaje de los demás a fin de “calcarlo” y después guiarlo en dirección al cambio. Resumiendo, las reglas podrían considerarse las siguientes:

  1. Preguntar antes de afirmar: el primer elemento que favorece una buena sintonía es el de la escucha activa, cuando un adolescente encuentra un adulto que le deja un espacio para expresarse de inmediato baja su resistencia y se dispone al diálogo con buenas intenciones. Quien quiere persuadir empieza preguntando de modo que en realidad sean los demás los que tengan que comenzar. La actitud además tiene que ser “abierta”: se empieza con un gesto para dejar la palabra o se formula una primera pregunta breve, para enseguida dejar al otro el protagonismo introduciendo los argumentos importantes casi sin prestarle toda la atención que ya han recibido hasta el momento. Jullien afirma que: la palabra en este caso no sirve para hablar, sino para conseguir que el otro lo haga; no tiene como objetivo expresar un sentimiento, sino hacer que el otro exprese el suyo, para poder adaptarse a él y, en consecuencia, caerle en gracia y obtener su confianza (1996). Imaginamos cuán importante es caer en gracia a un adolescente y ganarnos su confianza.
  1. Reformular, parafrasear, reestructurar: desde un punto de vista no verbal resulta muy importante una actitud abierta con gestos que hagan entender que estamos escuchando atentamente; en cambio, en el plano verbal es importante evitar demostrar un fuerte acuerdo porque generalmente estos intentos resultan generar desconfianza. Es difícil creer que de repente los adultos hayan cambiado tanto de opinión, parecería falso. Mucho mejor pedir aclaraciones y luego parafrasear lo que se ha dicho de forma interrogativa: “¿lo que me estás diciendo es…?”. Al parafrasear el otro percibe no solo que lo estamos escuchando, sino que le consideramos importante a él y a lo que nos refiere. “Esta técnica comunicativa evolucionada hace percibir en el otro una gran atención por nuestra parte, un interés concreto en comprender bien lo que nos está diciendo antes de expresarnos sobre nuestro eventual acuerdo. Al parafrasear no se muestra declaradamente el acuerdo con la posición del otro, pero se crea una realidad en la cual es él el que debe construir el acuerdo, llevándolo a esforzarse siempre más en el intento de aclarar la propia posición. Esto lo llevará progresivamente, en el intento de persuadir, a descubrirse siempre más” (Nardone et al 2000).
  1. Evitar las formulaciones negativas: utilizar formulaciones positivas evita generar rigidez en los demás y con esto facilita la sintonía y la confianza. Decir: “por favor, sed puntuales” resulta mucho mas eficaz que: “no lleguéis con retraso”. En un caso se culpabiliza a los demás considerando que siempre llegan con retraso; en la otra se confía y se genera una relación positiva.

Para concluir considero que la SINTONIA es el vehículo esencial para poder solucionar problemas y generar la confianza necesaria para solucionar desde los problemas más sencillos hasta los más complicados en todos los contextos: escolar, familiar, laboral, etc.

 

Sobre el autor

sintoníaMauro Bolmida es Fundador y director del “Instituto de Psicología Avanzada”. Es Psicólogo-Psicoterapeuta, especialista en Psicoterapia Breve Estratégica, Coach Profesional, docente y colaborador de varias universidades y entidades públicas y privadas.

UCV

Máster Universitario en Resolución de Conflictos en el Aula

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Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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