Por qué ocurren las agresiones en grupo, por Ángela Serrano

Por qué ocurren las agresiones en grupo, por Ángela Serrano, profesora del Máster en Resolución de Conflictos en el Aula de la UCV

Hasta hace algún tiempo escuchar que un grupo agredía a una persona parecía una cosa descabellada y poco común. En el estudio de estos casos frecuentemente tras un análisis se encontraba que los comportamientos en grupo se explicaban posiblemente de la manipulación de un líder más fuerte emocionalmente, frente a un par de individuos inestables y emocionalmente dependientes. Desafortunadamente, en los últimos años escuchamos noticias de agresiones en grupo cada vez más frecuentes y con un número mayor de participantes. Estos sucesos recientes y lamentablemente frecuentes exigen realizar una revisión seria y minuciosa de los estudios sobre el comportamiento violento en grupo, a fin de poder identificar las características de riesgo que hacen que este fenómeno presente una incidencia lamentablemente mayor.

Antecedentes de las agresiones en grupo estudiadas

Tal como expone Martín, M.J (2013), en España, la definición de banda juvenil se recoge en la Instrucción 23/2005, de 7 de diciembre, de la Secretaría de Estado de Seguridad: sus componentes son jóvenes de entre 12 y 32 años que poseen estructuras de cohesión y disciplina internas, se comportan violentamente para conseguir sus fines. Para unificar criterios, la red Eurogang propuso una definición del concepto de “banda” como un “grupo juvenil”, duradero con orientación hacía los espacios públicos y sociales, con una identidad grupal definida principalmente por la realización de actividades “de riesgo y la violencia” (Klein et al., 2006, p. 418).

Sin embargo aunque existen muchos estudio sobre las pandillas juveniles organizadas (Klein et al. (2006); Wood y Alleyne (2010); Wood y Alleyne (2013); (2013); Scandroglio et al. (2008)). Existen muy pocos estudios sobre la comisión de delitos por “grupos de ocio” —(véase de ejemplo “la manada” etc.)—que en su conformación inicial no tenían una motivación delictiva, pero que sus actos en grupo finalmente terminan emitiendo conductas delictivas. Este tipo de grupos que emiten conductas violentas e inmorales que atentan contra la dignidad y la vida e personas son relativamente nuevos y han sido poco estudiados en su dinámica interna.

Por qué ocurre la violencia en este tipo de grupos.

Al respecto de esta premisa se ha de partir de dos visiones fundamentales, por una parte el violento no nace, se hace y la violencia nunca ocurre de manera fortuita (Sanmartín 2013), la violencia es una acción intencional y dañina, premeditada. La violencia no tiene

justificación, pero alrededor de los violentos siempre se detectan una serie de factores de riesgo que ejercen una fuerte influencia en al configuración de la conducta violenta, a este respecto los estudios actuales indican algunas cuestiones de especial interés:

agresiones en grupoEl prototipo de joven que se implica en conductas violentas es el de un chico que ronda los 20 años y que, al contrario de lo que muchas veces se piensa, no viene necesariamente de un grupo desestructurado, —este es uno de los aspectos más innovadores en la investigación actual—, pero sí es fácil que provenga de entornos familiares donde no se ha ejercido la supervisión familiar debida, ni posee o haya tenido una afecto seguro por parte del entorno familiar. A menudo se han desvinculado de la escuela de manera temprana y se ha unido a sus “amigos por empatía situacional” es decir, por vivir las mismas circunstancias. No tienen un reconocimiento y un apoyo en su entorno familiar y por ello buscan el reconocimiento y respeto a través de los retos del grupo, muchos de ellos conseguidos por la exhibición de fuerza física. Este último aspecto, muy poderoso porque se crea una situación donde se sienten invencibles y reciben un refuerzo inmediato de manera frecuente y contingente, esto hace muy fuerte la cohesión social de esto grupos.

De igual manera hay unos factores de riesgo individuales que están a la base de los individuos que conforman este tipo de grupos violentos, varias investigaciones ponen en evidencia como los sujetos que conforman estos grupos son sujetos inestables emocionalmente, inseguros, con fuertes distorsiones cognitivas y con trastornos conductuales que se caracterizan por conductas desafiantes en edades tempranas. Entre los principales factores de la personalidad y del comportamiento que pueden predecir la violencia juvenil están la hiperactividad, ausencia del control de los impulsos y la ansiedad todos ellos, aspectos que correlacionan con las conducta violentas.

De igual manera los factores de riesgo culturales o estructurales también son importantes. Una cultura que promociona la violencia o que promueve valores hedonistas cuya fuente del placer basada en la satisfacción de condiciones materiales con un mínimo costo, ignorando la prevalencia de los intereses comunitarios (Gallo, 2012), la anomia (entendida como el deterioro de los lazos sociales, de acuerdo con Parales, (2008), la corrupción, la legitimación de la ilegalidad y la impredecibilidad de los contextos sociales, hacen que ciertos sujetos en grupo se sientan empoderados para satisfacer en grupo sus propios deseos individuales.

Además de estos aspectos, los jóvenes son cada vez más proclives al consumo consumo de drogas y alcohol en ambientes sociales de iguales. Factores asociados de forma significativa en la concurrencia de hechos violentos.

Tal como se ha venido poniendo en evidencia, la participación en grupos supone para el miembro del grupo una serie de ventajas que favorecen al identidad de grupo y que pone en evidencia que el miembro de la pandilla invierte su implicación en pos de la ganancia de identidad y seguridad,

En cualquier caso tal como expone Scandroglio y López Martínez (2013) el grupo ofrece al miembro identidad, protección y cohesión y obtiene de ello determinadas consecuencias que él y el grupo valoran como positivas porque comparten las normas grupales que legitiman el uso de la violencia para la obtención de dichas consecuencias.

El miembro de grupo, a su vez experimenta que nada de las consecuencias vividas en grupo son su responsabilidad, ya que al acometerlas en grupo la responsabilidad directa queda difuminada por el apoyo grupal y la reafirmación de los pseudovalores de grupo.

Esa fuerte influencia de una cultura propia de los valores de grupo le hace percibir cierto grado de control (control comportamental percibido), sobre su desempeño y sobre la situación, que depende en parte de las medidas (creencias de control) que ha tomado para evitar o aminorar el impacto de las repercusiones negativas que conlleva su implicación en los actos del grupo. Si el joven se siente parte ese grupo y éstos comparten opiniones, normas y valores en su implicación en la conducta violenta, se sentirá reforzado en una acto incluso ilegal e inmoral, ya que se rige solo por los criterios sociales del grupo. De alguna manera el comportamiento de estos grupos, es similar a los grupos sectarios. Las normas que comparte el grupo, en efecto, determinan y legitiman, de forma directa, los motivos de las provocaciones y las respuestas apropiadas y, de forma indirecta, las consecuencias de los actos. Siguiendo estos mismo autores; Las consecuencias positivas resultan ser refuerzos para la identidad de los jóvenes porque redundan en su reputación, representando los valores centrales de la cultura del respeto: consecución de “respeto” y mantenimiento del estatus, defensa de uno mismo y de los demás miembros del grupo.

En relación a estos aspecto revisados, estos resultados ponen de manifiesto como el estudio de la violencia asociada al ocio y los grupos juveniles supone el análisis de variables que no sólo tienen que ver con la edad, género o contexto del grupo, sino que evidencian variables mucho más fuertes en la coasociación y emisión de actos delictivos en grupo, como son con la gratificación personal, la identidad individual frente a la identidad de grupo, cohesión social basada en autoafirmación social, la carencia de valores individuales y asunción de valores sociales que ofrecen los propios grupos a sus integrantes y que resultan definitorias en la dinámica de sus conductas. En cualquier caso cada vez que se ahonda en el estudio del impacto de los grupos en la conducta individual, se puede constatar que el impacto social sigue siendo un inhibidor o un fuerte mantenedor de las conductas violentas y delictivas.

Sobre la autora

Ángela Serrano Sarmiento es Doctora en Pedagogía. Profesora titular de la Universidad Católica de Valencia. Sus áreas de investigación son los problemas de conducta, la violencia escolar, el maltrato infantil y la inclusión educativa.

Es Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora de diversos artículos, informes y estudios sobre el tema.

Máster Universitario en Resolución de Conflictos en el Aula

UCV

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Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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