La Relación Educativa. El arte de educar con el corazón, por Matilde Chisvert Villena.

La Relación Educativa.

El arte de educar con el corazón.

Por Matilde Chisvert Villena.

Actualizar la forma de educar a la luz de los derechos de los menores en nuestra sociedad actual se convierte no únicamente en una opción prioritaria, sino en una auténtica clave cuando pensamos en una escuela de inclusión y equidad donde la convivencia es un valor fundamental.

Si observamos las relaciones educativas que se producen de forma cotidiana en la escuela, identificamos el acto educativo como una actividad compleja. En ella, el desempeño del docente, su estilo comunicativo y las condiciones en las que se establece la relación educativa con el alumno desde una perspectiva ética se convierten en uno de los elementos fundamentales del proceso educativo.

Al mirar hacia el pasado notamos una educación tradicional, donde se daba una relación vertical entre alumno y profesor. En esta se refleja una evidente relación de poder, donde el docente es el poseedor del saber y deja al alumno como elemento pasivo en el proceso educativo, que debe repetir un modelo y acatar unas normas establecidas (Brezinca, 1990).

Sin embargo, en la historia de la educación podemos observar otros modelos de relación, en los que el profesor se convierte en un facilitador que acompaña el proceso educativo del alumno, y se convierte en parte activa de su propio crecimiento. Desde estos modelos, se puede definir el concepto de educación integral, de forma que la educación se convierte no solo en un instrumento para el aprendizaje de contenidos y desarrollo de competencias cognitivas, sino también en un espacio que contribuye y refuerza valores, ayuda a los alumnos a crecer emocionalmente sanos e impulsa la convivencia armónica y pacífica (Buitrón y Navarrete, 2008).

Si focalizamos la atención en este segundo modelo educativo podemos intuir, por tanto, que es indispensable contar con profesorado emocionalmente inteligente que pueda cumplir el reto de educar a sus alumnos con un liderazgo democrático y que genere un clima de aula positivo, con ingredientes como la cercanía y el afecto desde una estructura de valores clara, además de un cierto dominio de las propias emociones. En palabras de Buitrón y Navarrete (2008) «un maestro motivador, conciliador y con buen sentido del humor tendrá un sentido positivo en sus alumnos. Por el contrario, un maestro poco tolerante, rígido y con escaso manejo anímico puede afectar negativamente el clima del aula» (p.6).

En la sociedad actual nos encontramos con una crisis de valores, que genera en las escuelas una falta de disciplina y motivación en muchos alumnos, un incremento de actitudes de intolerancia y discriminación e incluso un aumento de conductas violentas. Este escenario exige a la escuela y, en última instancia, al docente, un encuentro positivo con el alumno en un entorno de reflexión para favorecer su actitud crítica y un papel activo que le permita interaccionar tanto con iguales como con adultos, adquiriendo habilidades y estrategias positivas en la resolución de conflictos que se producen a diario. Esto puede conseguirse desde un modelo de relación educativa basado en el diálogo, el afecto, la empatía, la escucha activa y el pensamiento compartido, haciendo posible una horizontalidad bien entendida.

En la historia de la pedagogía contemporánea se encuentran diversos modelos educativos cuyos principios señalan como relevante la relación educativa entre alumno y profesor. Este es el caso del sistema preventivo de san Juan Bosco (1815 – 1888). Por él se identifica la manera de Don Bosco de entender la relación educativa, cuyo fundamento se basa en tres elementos: la razón, la religión y el amor. Tal como describe Jover (1983) «Razón, porque don Bosco, comprometido con los jóvenes, es conocedor de sus distintas posibilidades y hace de este fundamento educativo el elemento diversificador de su pedagogía» (p. 621). Encontramos en estas palabras la esencia del paradigma de la educación inclusiva donde se insta a la escuela a educar atendiendo a la diversidad del alumnado. «Religión, basada en la razón y alejada de toda imposición arbitraria. (…) Por último, y fundamentalmente, amor. Amor sentido y manifestado – amarevolezza -, es decir, que los jóvenes no sean solamente amados, sino que se den cuenta de que se les ama» (Jover, 1983, p. 621). Podemos afirmar que se trata de un planteamiento actual que pone la mirada en las actitudes, creencias y valores que encontramos en cualquier Proyecto Educativo de Centro donde se define el modelo de antropológico que se pretende educar.

Cuando elaboramos planes de convivencia en los centros escolares diseñamos como elemento prioritario estrategias de prevención que contribuyan a un clima de centro y de aula positivo. La relación educativa cuando se educa desde el corazón es en esencia un factor de prevención muy potente, por el que el docente es un ejemplo para sus alumnos. Recordando las conocidas palabras de Rassam: «Se educa por lo que se es más que por lo que se dice, como se enseña también lo que se es más que lo que se sabe». Así pues, la capacidad del docente en educar desde la positivo teniendo en cuenta las posibilidades personales y sociales de los alumnos, con una presencia activa y amistosa, al participar en su vida, interesarse por sus problemas con actitud empática o al intervenir corrigiendo conductas, juicios o actitudes, juega un papel decisivo en la convivencia escolar.

Podemos concluir afirmando que la relación educativa es un medio de socialización que, desde un modelo o enfoque pedagógico humanista, contribuye a una sana convivencia y construye así una cultura de paz y fortaleciendo la democracia como modelo de sociedad.

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Matilde Chisvert Villena. Profesora de la Universidad Católica de Valencia y orientadora de Secundaria del colegio Salesianos San Juan Bosco de Valencia. Es experta en temas de atención a la diversidad y programas de convivencia.

 

Máster Universitario en Resolución de Conflictos en el Aula

UCV

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Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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