La autoestima en los niños y en los adolescentes, por Mauro Bolmida

La autoestima en los niños y en los adolescentes, por Mauro Bolmida, profesor del Máster Universitario en Resolución de Conflictos en el Aula de la UCV

Muchas veces oímos hablar de la “autoestima”, pero ¿sabemos realmente de qué se trata? Es un término que ha entrado en el lenguaje coloquial y cada vez más parece que sea la responsable de muchos problemas en diferentes contextos: educativo, deportivo, relacional.

La autoestima es algo de lo que se habla mucho en este momento, pero quizás no se tenga una idea precisa de lo que es. Para entender exactamente lo que se quiere decir cuando se usa esta palabra, se podría recurrir al origen etimológico de la misma y de las dos partes que la componen, auto y estima.

Según la Real Academia de la Lengua Española, auto es un elemento compuesto y que significa “propio” o “por uno mismo”; por ejemplo, autoayuda es ayudarse a uno mismo; mientras que estimar es la ciencia de calcular o determinar el valor de algo.

Si consideramos los dos significados de inmediato entendemos que la autoestima es el valor que cada persona atribuye a si misma. Utilizando este enfoque, una pregunta que podría surgir es: ¿Cuáles son los elementos que usamos para atribuir el valor a nosotros mismos?

autoestima en los niños y en los adolescentesContestar esta pregunta resulta muy difícil, porque se puede realizar este ejercicio de autoevaluación sobre infinitos elementos, pero por lo que se ve en la práctica las personas dividen la mayoría de sus experiencias en dos bandos: éxitos y fracasos. Evidentemente los éxitos suben la autoestima mientras que los fracasos la bajan. Las personas con baja autoestima no consiguen resultados satisfactorios, sino doloras derrotas y, por cuanto se empeñen, muchas veces solo refuerzan su propia percepción de incapacidad. En cambio, conseguir logros aumenta la autoestima y, para que estos sirvan a nuestra autoestima, tienen que estar relacionados con los objetivos individuales. Cada persona tiene deseos y finalidades diferentes, desafortunadamente no existen objetivos universales, cada uno tiene referencias diferentes.

Los objetivos que alcanzamos son los “ladrillos” que construyen nuestra autoestima, convirtiendo un término psicológico teórico en algo práctico que indica el camino para conseguir aumentar o disminuir la valoración que las personas atribuyen a sí mismas. Los objetivos que se intentan alcanzar se convierten en el elemento clave par tener una buena o una mala autoestima: si consigo objetivos alcanzables y los realizo subo mi autoestima; en caso contrario, la valoración personal será cada vez peor. Podemos decir que el secreto de una buena autoestima sea el cuidado que cada persona tiene que tener en el momento de elegir los objetivos que quiere perseguir; las aspiraciones inalcanzables son responsables de la falta de autoestima.

¿Cómo se puede aumentar la autoestima? En la óptica que estamos desarrollando podríamos decir que la vida es como un recorrido de objetivos, desde los primeros más sencillos, hasta aquellos a largo plazo más ambiciosos. En este recorrido las personas se pueden encontrar frente a logros o fracasos y siendo que de esto depende la autoestima, deberían construir objetivos proporcionales a sus capacidades para conseguir alcanzar el máximo de los logros que se habían propuesto. Podríamos simplificar diciendo que apostar por pequeños y alcanzables objetivos es la manera de subir la autoestima. Empezar con pequeñas cosas no quiere decir no apuntar a grandes objetivos, sino construir una escalera desde lo más pequeño y fácil hasta lo mas difícil y grande, que será la suma de todos los precedentes. Esta metafórica escala permite llegar a grandes aspiraciones dando pasos diminutos, poco arriesgados, que con el tiempo, sumados uno a otro, se convierten en grandes pasos. Además, imaginemos una persona que consiga alcanzar sus propósitos paso a paso, no solo sentirá su autoestima subir, sino cada peldaño que sube le convertirá en más fuerte, facilitando así seguir el recorrido hasta una condición satisfactoria. En cambio, quien se ha construido objetivos demasiados grandes obtiene el resultado contrario, cada día su autoestima baja por causa de los fracasos, y todo lo que tiene por delante se convierte en una montaña que no consigue superar.

Todo esto cuando se tiene que aplicar a niños o adolescentes tiene una dificultad añadida y muy importante; ¿cuáles deben ser los objetivos que tengo que usar en la construcción del recorrido hacia una buena autoestima? Como decíamos antes, cada persona tiene objetivos individuales y también los niños y los adolescentes. Cuando tienen problemas de autoestima, estos deberían estar relacionados con las aspiraciones personales de ellos y no por aquellas de los adultos que los rodean. Los padres y los maestros o profesores se focalizan en los elementos que ellos considerarían importantes y, al ver que estos no faltan, no entienden la posición tal vez depresiva de los jóvenes. Pero si nos ponemos de parte de los alumnos e hijos, nos damos cuenta de inmediato de que lo que puede ser importante para ellos no siempre coincide con lo que seria apreciable para unos adultos. Entonces, si queremos ayudar de verdad a un joven a mejorar su autoestima y con eso encauzar su vida hacia lo mejor, tendríamos que tomarnos el tiempo de escuchar lo que para él es importante, a pesar de que para los adultos no sea una prioridad. Descubrir los talentos de los jóvenes, sus áreas de competencias, ayuda a prever actividades enfocadas a la subida de la autoestima sin olvidar en ningún momento que siempre tendremos que tomar los objetivos de ellos y no los de los padres o de los adultos.

Esta óptica además favorecería la confianza de los niños y de los adolescentes en los adultos de referencia, que serán considerados cómo personas que los entienden, y no como extraños con los que es inútil hablar y razonar.

Para terminar, creemos importante subrayar dos conceptos de forma clara:

  • La autoestima es un punto de llegada y no de salida, se obtiene a través de la construcción y de los pequeños logros. Si se quieren grandes objetivos se pueden alcanzar como suma de muchos objetivos pequeños, en una escala desde los más fáciles hacia los más difíciles.
  • Los objetivos no son universales, cada persona tiene que construírselos en función de sus deseos y de las cosas que para él son importantes.

Sobre el autor

Mauro Bolmida es Fundador y director del “Instituto de Psicología Avanzada”. Es Psicólogo-Psicoterapeuta, especialista en Psicoterapia Breve Estratégica, Coach Profesional, docente y colaborador de varias universidades y entidades públicas y privadas.

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Isabel Iborra
Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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