La atención a la diversidad en Educación Infantil

[themecolor]La atención a la diversidad en educación infantil[/themecolor],

por Teresa Gómez Domínguez, profesora del Máster Oficial en Resolución de Conflictos en el Aula (UCV)

La etapa de Educación Infantil tiene un carácter eminentemente educativo en el que prima la prevención y la detección, lo más precozmente posible, de necesidades educativas y el desarrollo de capacidades de todos y cada uno de los niños y niñas.

Esta frase forma parte de un texto de Alegre (2000), sólo que nosotros nos atrevemos a matizarla y en lugar de hablar de “compensar carencias” vamos a hablar siempre de “potenciar (o desarrollar) capacidades”.

Siendo, estos primeros años, períodos en los que se suceden cambios importantes para el desarrollo de los niños y niñas con una gran rapidez y variabilidad, no podemos dejar de expresar la importancia que tiene el medio educativo y la intervención individualizada y socializada en la prestación de apoyo a las necesidades, que pueden aparecer en los diferentes momentos del desarrollo infantil.

Todos los niños y niñas, en su etapa de crecimiento, presentan un conjunto de necesidades básicas que han de ser satisfechas y resueltas para que se produzca un desarrollo adecuado. En nuestra sociedad, la escuela, junto con la familia, tiene asignado un papel primordial en la resolución de estas necesidades a lo largo del crecimiento infantil. Si por circunstancias personales, un niño o una niña,  no ve satisfechas estas necesidades básicas, su desarrollo futuro puede resultar afectado, por ello es tan necesario prestar el apoyo necesario en aquellos casos que existan factores que nos prevengan de la existencia de diferencias.

La obligación de la escuela ante este hecho, tal como explica Alcudia et al. (2000),  es poner en marcha estrategias y actuaciones para que “todo el alumnado” desarrolle al máximo sus capacidades, de tal modo que las diferencias no se conviertan en desigualdades. Esto significa una toma de posición con respecto a la función de la intervención educativa, que debe tomar como referente a la hora de la planificación, las diferencias individuales para adecuar y ajustar el currículum a las capacidades de cada niño y niña. Será necesaria una organización intencional de experiencias favorecedoras del aprendizaje y del desarrollo, creando un ambiente que aporte seguridad y afecto, en el que se establezcan normas claras, límites precisos y donde las actividades estén contextualizadas y tengan sentido para los niños a fin de que puedan explorar sus posibilidades de acción, desarrollar su autonomía, interactuar con los iguales y adquirir los procesos de comunicación.

En educación infantil conviene establecer una gran variedad y diversidad de actividades que tengan en cuenta las capacidades y los ritmos de aprendizajes de los pequeños. La intervención educativa debe planificarse con la clara intencionalidad de detectar y actuar según las características de cada uno de los niños para conseguir un óptimo desarrollo de todos ellos. Se centra pues, en “…cómo apoyar las cualidades y las necesidades de cada alumno y de todos los alumnos en la comunidad escolar, para que se sientan bienvenidos y seguros, y alcancen el éxito (Arnaiz, 1996, 27-28/)

En este sentido, los procesos de enseñanza y aprendizaje en esta etapa se articulan en formas diferentes que respondan de manera apropiada al tratamiento de los diferentes contenidos que configuran el currículum y que, a su vez, se adapten a la individualidad del alumnado. Estas formas se organizan, por un lado, a través de actividades generales y que formen parte de la estructura del aula, como rincones de juego, rutinas, hábitos, cuentos, psicomotricidad, teatro…etc. (Laguía, 1999), y por otro, en actividades que se extienden en el tiempo (por ejemplo durante un trimestre) como los proyectos, centros de interés o unidades didácticas. Estas, generalmente, se trabajan con el grupo-clase. Todos los niños suelen trabajar sobre lo mismo y la maestra conduce el desarrollo del tema. Ello permite adecuar las actividades y los materiales a las diferentes capacidades y ritmos de trabajo. Todos trabajaremos la naturaleza y realizaremos un mural en el que unos recortarán plantas y animales, otros pintarán con minuciosidad, otros utilizarán pinturas de dedo y realizarán tareas más sencillas pero todos juntos y de forma colaborativa.

Bibliografía

Alegre, O. (2000). Diversidad humana y educación. Málaga: Aljibe.

Alcudia, R., Del Carmen, M., Gavilán, P., Sacristán, J.G., Giné, N., López, F., Montón, M.J., Onrubia. J., Pérez, C., Sanmartí, N., Sentís, F., Tirado, V., Viera, A.M. (2000) Atención a la diversidad. Barcelona: Graó.

Arnaiz , P. – (1996) Las escuelas son para todos. Siglo Cero, 27(2), 25-34.

Laguía, J.J. Vidal, C (1999). Rincones de actividad en la aula infantil. Barcelona. Graó.

La autora de este artículo

Teresa Gomenz Dominguez

Teresa Gómez Domínguez, es profesora de la Universidad Católica de Valencia, en la rama de necesidades educativas especiales. Es especialista en atención a la diversidad. Es doctoranda en Psicopedagogía. Sus líneas de investigación se centran en la educación inclusiva.

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Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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