Evaluación conductual. Análisis funcional, por Gloria Cava

[themecolor]Observaciones sobre la evaluación conductual[/themecolor]

por Gloria Cava, Profesora del Máster Universitario en Resolución de Conflictos en el Aula.

 

[themecolor]§1. INTRODUCCIÓN[/themecolor]

La Evaluación Conductual, a diferencia de la evaluación tradicional que asume el comportamiento como algo permanente, considera que el comportamiento está en función de las condiciones ambientales que existen en un momento determinado (estímulos antecedentes y consecuentes). De modo que, para desarrollar un programa de intervención, es necesario que:

a)             Se obtenga la información pertinente sobre las conductas problemáticas, los factores que las mantienen, y el orden en que deben abordarse.

Esta información es absolutamente necesaria para postular una HIPÓTESIS DE TRABAJO que explique las conductas problemáticas y que vertebre la intervención terapéutica para para pasar del estado actual X  al estado deseado Y.

b)             Se planifique y se recopile asimismo la información necesaria para contrastar la HIPÓTESIS planteada.

Esquemáticamente:

 

esquema 1 evaluacion conductual 

 

[themecolor]§2. FASES DE LA EVALUACIÓN CONDUCTUAL[/themecolor]

Las tres fases por las que pasa la evaluación conductual son:

1ª.  Formulación del problema

2ª. Recogida de datos

3ª. Análisis funcional

fases de la evaluacion conductual

PRIMERA FASE: FORMULACIÓN DEL PROBLEMA

Consiste en la identificación y concreción de las conductas que evidencia la persona (en el caso del alumno, conductas desadaptadas por exceso, por defecto, o no compatibles con la dinámica del centro) y de las condiciones particulares en las que lo hace.

A tales conductas se les suele denominar “conductas problemáticas”, “conductas-problema” o “conductas operantes”.

En concreto, hay que definir la conducta-problema en términos precisos que faciliten la operativización de las vivencias en datos cuantificables o mensurables y que nos permitan la ubicación del problema en unas coordenadas lo más objetivas posibles.

Hecho esto y priorizados los objetivos, resultará más fácil seleccionar y diseñar los métodos de recogida de información necesarios.

SEGUNDA FASE: RECOGIDA DE DATOS

Para recoger o recopilar información se emplean diferentes recursos :

1.         MÉTODOS INDIRECTOS:

–             Entrevista conductual

–             Autoinformes

2.         MÉTODOS DIRECTOS

–             Registros de observaciones

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MÉTODOS INDIRECTOS

LA ENTREVISTA CONDUCTUAL

Y

LOS AUTOINFORMES

 Entrevista conductual

La entrevista es una importante fuente de información. La entrevista nos permite conocer al paciente, sus datos generales, su problema principal y las posibles causas de dicho problema.

Se han desarrollado numerosas “guías” o esquemas generales (Kanfer y Phillips 1976; Kanfer y Saslow 1969; Kanfer y Grim 1977; Lazarus, 1971; Golfried y Davison 1976) para facilitar el desarrollo de la entrevista conductual, así como pautas que se circunscriben a problemas específicos (dolor de cabeza, problemas maritales, hiperactividad, etc.).

Se considera por lo general que la entrevista debe cubrir los siguientes aspectos:

1) Delimitación de la conducta-problema (incluyendo un análisis de antecedentes y consecuentes externos e internos).

2) Gravedad del problema (repercusiones en distintos contextos)

3) Determinantes

4) Desarrollo y evolución del problema

5) Expectativas

 

Los autoinformes

Pueden adoptar diversas formas:

 1) Cuestionarios de información general:

Informan sobre diversas áreas en las que puede existir algún problema, que requiere especificación posterior.

2) Cuestionarios específicos:

Diseñados para detectar “conductas-problema” en áreas concretas. Para cada área se dispone de cuestionarios específicos.

3) Cuestionario de ayuda para la terapia (intervención):

Cuestionarios de refuerzos

Cuestionarios de evaluación de la motivación ante la terapia.

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MÉTODOS DIRECTOS

REGISTROS DE OBSERVACIÓN

 

Los registros, que pueden adoptar diversas formas, recogen observaciones de conductas (no de personas), empleando a tal efecto parámetros (todos o parte) como los siguientes:

–          Topografía: forma (características y movimientos) de la conducta, haciendo hincapié en el modo en que se realiza. [¿Qué movimientos implica la conducta?]

Ejemplo: dos estudiantes están sentados en clase. Uno está recto y observa al profesor. El otro está agachado, con la cabeza pegada al pupitre.

–          Frecuencia: número de veces que ocurre la conducta en un intervalo. [¿Cuántas veces ocurre?]

–          Duración: cantidad de tiempo en el que ocurre una conducta. [¿Cuánto tiempo dura?]

–          Latencia: tiempo que transcurre entre la aparición de un estímulo y el inicio de una respuesta. [¿Cuánto tarda en empezar la conducta desde que aparece el estímulo?]

–          Intensidad (o fuerza): efecto físico que la conducta produce en el entorno. [¿Qué efecto físico produce en el entorno?]

 

Los tipos principales de registros son los siguientes:

Registros de eventos:

Se recogen los eventos  (las conductas) tal como ocurren. Pueden utilizarse, o no, procedimientos cuantitativos: se pueden contar las conductas, o simplemente se pueden describir o narrar.

En este último caso, los registros se denominan “narrativos”.

Registros de tiempos:

Se recoge la duración (el tiempo que dura), el número de veces que la conducta ocurre en un cierto tiempo o intervalo, la latencia (el tiempo trascurrido entre el estímulo y la conducta) o el tiempo que media entre una conducta y su repetición.

Registros automáticos:

Se utiliza para registrar automáticamente conductas motoras, respuestas fisiológicas a través de procedimientos electrónicos. Suelen emplearse en laboratorios.

Registros de productos permanentes:

Un producto permanente es tangible y puede ser medido después de que la conducta ha ocurrido [por ejemplo, los resultados de un test psicológico]

Suele ser el tipo de registros más usado por los profesores.

 

TERCERA FASE: ANÁLISIS FUNCIONAL

 ¿En qué consiste el análisis funcional?

En el modelo conductual lo que interesa es la funcionalidad, es decir no la conducta aislada, sino contextualizada, prestando especial atención a los elementos que la disparan o la refuerzan.

De ahí la importancia de:

–              identificar las variables antecedentes y consecuentes, tanto externas como  internas, que controlan una conducta, un problema o un trastorno, y

–              establecer las relaciones de contingencia entre tales variables y dicho problema.

¿Cómo se podría definir entonces el análisis funcional?

Una definición adecuada puede ser la siguiente:

El Análisis Funcional de la conducta (AF) es el procedimiento que permite establecer las relaciones o secuencias que caracterizan una conducta, concretando

los antecedentes y consecuentes

que explican que la conducta se dé y se mantenga en el tiempo.

El AF nos permite conocer exactamente:

–              qué ocurre (qué piensa, dice, hace, siente o cómo reacciona la persona),

–              en qué circunstancias contextuales (ante qué estímulos o personas se da la conducta) ocurre la conducta

y

–              qué efectos o consecuencias tiene en el medio tanto a corto como a largo plazo (qué hacen los otros, qué beneficios o pérdidas reporta a la persona, cómo se siente después…).

El conocimiento de lo que ocurre, en qué contexto ocurre y qué efectos tiene nos permite identificar qué elementos hay que manipular para romper la secuencia de acontecimientos que componen el problema.

Para romper la secuencia de acontecimientos que componen el problema es necesario identificar :

1) Los estímulos antecedentes (E), es decir los estímulos previos a la conducta-problema;

2) Las variables orgánicas, es decir los datos de la vida de quien desarrolla la conducta-problema que pueden afectar a ésta y a las respuestas que se den ante la misma;

3) La respuesta  (R) que se da ante el problema,

y

4) Los estímulos consecuentes (C).

 

 Estímulos antecedentes (E)

Son los disparadores de una determinada actuación. Se trata de aquellos acontecimientos que ocurren inmediatamente antes de la emisión o aparición de una conducta-problema y que guardan una relación funcional con la misma.  Pueden ser:

•              Externos: físicos o sociales

•              Internos: cognitivos (por ejemplo, un recuerdo o una imagen) o fisiológicos (por ejemplo, sensaciones físicas como estar fatigado, tener sueño, etc.)

 Variables orgánicas

Son características específicas de cada persona que pueden interferir y contribuir al mantenimiento de la conducta. Pueden ser:

•              Determinantes biológicos

•              Repertorio de conductas

•              Historia de aprendizaje

•              Estilo

Determinantes biológicos

Pueden ser anteriores y actuales.

Los anteriores corresponden a factores hereditarios, perinatales o prenatales (parada cardíaca, anoxia) que aparecieron en el pasado pero cuyas consecuencias se encuentran en el momento de la evaluación. Su existencia puede actuar interfiriendo y manteniendo el problema, por lo que hay que tenerlos en cuenta a la hora de diseñar el tratamiento.

Los actuales incluyen factores como enfermedades, traumatismos o indisposiciones transitorias o crónicas, los efectos secundarios o colaterales de la ingesta de fármacos, la fatiga, etc. que alteran el equilibrio físico u orgánico de la persona.

Repertorio de conductas

Se trata de habilidades y conductas que posee el alumno y que nos van a permitir sustituir las conductas-problema por conductas más adaptativas (o una aproximación a las mismas).

Historia de aprendizaje

Quizá sea ésta la variable más importante a tener en cuenta.

Por historia de aprendizaje se entiende el proceso de educación/socialización que permite la adquisición de ciertas características que influyen en el comportamiento de un individuo.

La presencia de estas variables explica que las distintas personas nos comportemos de forma diferente ante los mismos estímulos y las mismas consecuencias.

Estilo

Quizá las dos variables más relevantes en este contexto sean la edad y la forma de razonar.

•              La edad suele condicionar la posibilidad de aplicar, o no, un tratamiento determinado;

•              La forma de razonar  condiciona el uso de procedimientos cognitivos.

 Respuestas (R)

Es la conducta que realiza el individuo.

Hay que identificar cuáles son las respuestas o conductas objeto de modificación. Y una vez identificadas debemos precisar los parámetros: frecuencia, duración e intensidad.

Tipos de respuestas

1º.  Respuesta motora: cambios que afectan a la posición y movimiento del organismo, a sus acciones (correr, mirar, hablar, vestirse, etc…). Son hechos con comienzo y final que, frecuentemente, están condicionados y mantenidos de forma operante.

Se denominan también “externas”, son observables por cualquier persona e incluyen:
– Los actos motores: como levantarse de la silla.
– La conducta verbal: como puede ser el tartamudeo de una persona cuando se dirige a él alguien a quien teme.
– La conducta no verbal: como pueden ser gestos, tic, etc.

2º.  Respuesta fisiológica: Cambios en las constantes fisiológicas de ese organismo. Estos cambios en la intensidad, duración o frecuencia de constantes tales como la temperatura, el grado de humedad de la piel, el ritmo cardiaco y respiratorio, etc… suponen con frecuencia la presencia de una respuesta relacionada funcionalmente con un hecho o cambio en el entorno.

3º.  Respuesta cognitiva: cambios en la forma de pensar y percibir situaciones.

 Estímulos consecuentes(C)

Son los acontecimientos que tienen lugar inmediatamente después de que aparezca la conducta y que tienen una relación funcional con ella, es decir, hacen que se mantenga dicha conducta.
Ej.: un niño que se alborota o interrumpe en clase obtiene, por un lado, la atención del profesor, aunque sea para reñirle, y por otro, la atención de sus compañeros que se ríen, con lo cual el niño continuará con su conducta disruptiva.

 

[themecolor]§3. CONCLUYENDO[/themecolor]

Las técnicas de modificación de conducta se basan en el control de las variables que hacen que una respuesta se mantenga, y principalmente pretenden controlar los estímulos antecedentes y los estímulos consecuentes.

¿Es posible y plausible manipular los estiímulos antecedentes (E) para impedir que la respuesta se dé y se mantenga?

La experiencia clínica permite decir que esa manipulación es muy difícil. Entre las técnicas de manipulación de E destaca el CONTROL DE ESTÍMULOS que se usa sólo para una gama de problemas muy concretos: adicciones, obesidad y siempre con fines paliativos o provisionales.

Parece que sólo queda como posibilidad plausible intervenir sobre los estímulos consecuentes (C). Y así es realmente.

Ya sabemos que para hacer que una conducta se mantenga cabe recurrir a estímulos que la refuercen (reforzadores), que a su vez pueden ser positivos (dar algo) o negativos (quitar algo).

Recuérdese que una cosa es un reforzador negativo, que ayuda a que la conducta se mantenga eliminando una consecuencia suya aversiva, y otra bien diferente es un castigo. El castigo no ayuda a que una conducta se mantenga, sino a que una conducta desaparezca.

 

Y ahora, un vídeo sobre análisis funcional de una rabieta:

 

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3d small people - team with the puzzlesMÁSTER UNIVERSITARIO EN RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS EN EL AULA

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Gloria Cava es doctora en psicología y máster en psicología clínica,en terapia familiar y en terapia breve estratégica. Es psicóloga especialista en Psicoterapia por la Federación Europea de Asociaciones de Pscólogos (EFPA/COP). Ha sido psicóloga adjunta de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario la Fe (Valencia) entre 1999 y 2011 [véase: http://www.gloriacavapsicologa.com]

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