Entender los comportamientos de los niños. Por Ángela Serrano, profesora del Máster de resolución de conflictos

Entender el comportamiento de  los niños en tiempos de Covid.

El 2020, esta siendo un año que ha puesto a prueba la capacidad adaptativa de todas las personas, sin  embargo en medio de todo lo que ha afectado esta pandemia, hemos de prestar especial atención al comportamiento de los niños, al impacto que esta situación excepcional de la Covid ha generado sobre su vida. El informe de UNICEF sobre los efectos emocionales de la Covid en los niños ha puesto en evidencia que no ha sido fácil para ellos. https://www.unicef.es/publicacion/salud-mental-e-infancia-en-el-escenario-de-la-covid-19-propuestas-de-unicef-espana.

De esta manera conviene reflexionar sobre como perciben los niños esta situación y cómo se ve expresada en el comportamiento de los niños.

Así como los adultos hemos desarrollado estrategias verbales y cognitivas para poder expresar el estrés que hemos estado viviendo, los niños, especialmente los menores de 14 años por desarrollo evolutivo no han llegado a madurar la capacidad metacognitiva en la corteza prefrontal y no pueden expresar de la misma manera lo que  viven y como lo viven, los niños sólo tienen su comportamiento para mostrarnos el nivel de estrés que viven.

De 3 a 6 años

Los niños menores de catorce años tras la cuarentena, pueden manifestar más secuelas según la edad, así por ejemplo los niños más pequeños entre 3 y 6 años pueden mostrar el nivel de estrés que viven mostrando más  ansiedad, miedo, trastornos del estado de ánimo, podríamos decir que ante este suceso y las normas impuestas los niños más pequeños pueden mostrar más sentimientos de incertidumbre que se manifiestan en comportamientos de mostrarse más triste, más temerosos, más distraídos y menos participativo o motivado en las situaciones familiares. Muchos de sus miedos se expresan con pesadillas, temores, ideas amenazantes o incluso llegar a presentar enuresis (hacerse pis sin control, cuando ya han superado esa etapa).

 

De 7 a 14 años

De igual manera los niños más grandes de 6 a 12  e incluso trece o catorce años pueden mostrar problemas de conducta con conductas externalizantes  como  mostrarse más irascibles, más desafiantes. De hecho, el miedo un adolescente lo expresa con enfado y molestia. Se pueden por tanto observa mayor incidencia de conductas retadoras, discutir sin sentido por cuestiones triviales o aislamiento y menor comunicación.

Así de esta manera conviene leer las señales diversas que un niño o niña esté expresando ante esta situación. Los padres deben prestar atención a las señales de malestar psicológico en sus hijos.

  • Algunos niños presentaron conductas propias de cuando eran más pequeños (quiere volver a dormir con los padres mojar la cama por las noches, tener rabietas, expresar miedo a la oscuridad, tener miedos a que algo se esconda en el armario).
  • Otros mostraron, irritabilidad, desobediencia, pelear con los hermanos de manera exagerada, pedir comida a todas horas o alargar la hora de irse a dormir.
  • También han expresado su estrés con malestar psicológico a través del cuerpo y se quejaron de diversos dolores psicosomáticos (barriga, cabeza, etc.).
  • Algunos niños han llegado a aprender conductas ritualistas que rallan las obsesiones en el ritual de limpieza, como respuesta adaptativa al miedo vivido.

Estas conductas que aumentan ante situaciones de estrés social de los niños y adolescentes lo que nos están indicando es su necesidad de seguridad ante la incertidumbre que esta situación ha puesto en nuestras vidas. Estas conductas deben ser interpretadas como llamados de atención que indican que precisan de una respuesta afectiva sólida. Lo que el niño demanda es percibir un entorno seguro.

En muchos hogares el período de confinamiento ha supuesto un campo de batalla, en la que, sobresaltados por el miedo, los adultos nos hemos olvidado de que los niños no procesan la información igual que los adultos y en algunos hogares, se ha pedido a los niños comportamientos de adultos, poniendo expectativas inadecuadas, generando más estrés a los menores y convirtiendo los hogares en espacios de estrés social.

Qué hacer

Algo que a menudo desconocen algunos padres es que los niños y adolescentes no interpretan la información como los adultos y por tanto no pueden procesar las demandas de los adultos de la misma manera. Conviene por tanto saber que hacer.

Los adultos debemos entender que los niños también tienen derecho al estrés, no podemos equivocadamente pensar que sólo los adultos viven estrés. Por tanto, ser conscientes de ellos es el primer paso.

En segundo lugar, los hijos necesitan sentirse amados y sentir que pase lo que pase y escuchen lo que escuchen en los diarios, sus padres les van a proteger y van a estar con ellos, esta idea es muy importante hablarla de manera explícita.

Durante situaciones de confinamiento forzado en la familia, ha de abrirse espacios de comunicación fluida y razonada. Es decir, los adultos deben crear momentos explícitos los que en una atmosfera distendida expresen como se sienten y pregunten a sus hijos que piensan de lo que está pasando. Si los niños son muy pequeños es importante apoyarse en un cuento y una moraleja, por ejemplo.

En segundo lugar, conviene ante estas situaciones crear espacios de ventilación emocional, momentos para hablar de lo que los padres esperan de ellos y de lo que ellos esperan de sus padres, así por ejemplo crear un día a la semana para expresar mediante un juego que es lo que menos les ha gustado de las conductas de los otros miembros de la familia y como mejorar.

Es importante cambiar el discurso de las ordenes, por el discurso de lo que los adultos necesitamos de los niños, buscar el lenguaje propicio, el lenguaje de los niños y expresar que necesitamos su colaboración en ciertos comportamientos. Con los niños conviven ser explicito, muchos padres esperan comportamientos que no han expresado verbalmente, pensando equivocadamente que son obvios esos comportamientos en sus hijos, este error de juicio sobre las  conductas de los demás, está a la base del 100% de las discusiones familiares.  Los adultos no deben  dar por evidente que los demás y en especial sus hijos e hijas; ven obvio lo que se espera de su conducta. Por el contrario, es el momento de ser asertivo y expresar lo que se espera que ocurra o como le gustaría que hicieran los otros miembros de la  familia.

Finalmente se ha de enseñar el valor asumir la frustración, permitir que expresen y que tengan momentos de tristeza y enfado y trasmitir que es un momento pasajero y tolerable y que ello forma parte de lo que vivimos y como lo vivimos. También a veces acompañar y estar  en silencio es suficiente ayuda, sin imponer cambios de estado de animo inmediatos exigidos por los adultos.

Finalmente recordar el rol que cada uno tiene en la familia, saber que los adultos somos los responsables de reconducir las situaciones hacía donde queremos y hacía la resolución de las situaciones cotidianas. Usemos el amor y el sentido del humor con nuestros hijos e hijas. El humor y el amor son dos grandes herramientas para hacer de la relación con nuestros hijos una ventana a un  mundo mejor.

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Doctora en Pedagogía. Profesora titular de la Universidad Católica de Valencia, Sus áreas de investigación son los problemas de conducta, la violencia escolar, el maltrato infantil y la inclusión educativa. Es Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en e Aula. Autora de diversos artículos, informes y estudios sobre el tema.

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