Educación de la adolescencia, por Ángela Serrano.

[themecolor]Educación de la adolescencia: amor y estrategia[/themecolor]

Introducción

A menudo cuando se habla de adolescentes y, en concreto, de la educación de la adolescencia, los adultos  se  echan las manos a la cabeza y expresan «es que con los jóvenes de ahora no podemos…«.  Sin embargo, sería interesante preguntarnos: ¿cómo serían los presentes si fueran jóvenes en este momento histórico?

La respuesta es muy sencilla. Serían seguramente, muy parecidos a sus hijos. Los hijos en cierta medida son el espejo donde se proyecta lo que somos. La educación de un hijo adolescente supone muchísimo amor revestido de  paciencia, una gran dosis de ingenio y una pizca de estrategia. Con todo ello, debemos saber que lo más importante es establecer unos límites claros y una competencia parental bien entendida. El adolescente tiene que cumplir y pasar por ciertas etapas. Y los padres deben saber que, aun habiéndolo hecho muy bien, su hijo tendrá comportamientos normales para su fase de desarrollo pero que generarán problemas a la familia.

La mayoría de los adolescentes, en algún momento de su historia, desafiará abiertamente a sus padres, así como a otras figuras de autoridad. Es una condición propia de la conquista de la identidad en la adolescencia. Hay tres tipos de hijos adolescentes bien diferenciados: aquellos que pasan por la adolescencia sin apenas presentar ninguna alteración;  aquellos otros que presentan los comportamientos propios de la adolescencia con fuertes conflictos en la familia y, finalmente, un grupo menor de adolescentes que presenta claramente problemas de conducta y que precisan una ayuda más específica. Sin embargo la mayoría de hijos adolescentes lo que precisan son límites claros, coherencia y mucho afecto para sobrellevar los grandes cambios emocionales.

1.  Características del pensamiento adolescente y comportamientos problemáticos.

El pensamiento adolescente se caracteriza por una serie de  procesos muy mediatizados por  efecto de las hormonas, lo que hace que la conducta adolescente sea impulsiva y esté marcada por fuertes cambios en el estado de ánimo del adolescente. A su vez, el adolescente quiere ser más autónomo e independiente, quiere aislarse y, al mismo tiempo, autoafirmarse a través de las conductas de desafío frente a lo que hasta ahora conocía. Estas características son propicias para el desarrollo de conflictos con los padres.  Si, a lo anteriormente descrito, añadimos que es en el interior de la familia donde se comparten más emociones y donde convergen intereses diferentes entre hermanos, padres e hijos, el cóctel familiar está servido.

El adolescente a su vez presenta unas características de pensamiento que lo hacen más vulnerable no sólo al conflicto sino a la presencia de problemas de conducta. Entre estas características del pensamiento está el egocentrismo y la búsqueda de la identidad social, componentes que son su prioridad y que prevalecen por encima del grupo familiar. Abordar esta situación por parte de los padres pasa por seguir el famoso consejo de las abuelas  “vale más maña que fuerza” y por usar las características mismas del pensamiento del adolescente para lograr que tome perspectiva de los hechos y  se integre en un rol familiar normalizado. Ésta no es sólo la estrategia más adecuada, sino la que más efecto positivo tiene, si queremos abordar con sensatez los conflictos de la adolescencia.

3. Modelos educativos de los padres y autoridad.

Los hijos adolescentes suelen echar a los padres un continuo pulso. Con todo, en una estructura familiar bien establecida, ese pulso no tiene por qué ser aceptado, ya que cada cual tiene su lugar en la familia. Por mucho que el adolescente cambie de forma de actuar o de pensar, si la familia ha cumplido su papel en los primeros años de vida, él volverá  siempre a ella reconociendo que la necesita.

Con todo, es importante que la familia entienda que en la adolescencia se necesitan referentes claros y sólidos. El chico/ adolescente precisa un terreno seguro y estable al que aferrarse cuando todo parece cambiar a su alrededor. Es en ese momento cuando la familia cumple un papel fundamental para que el hijo adolescente vaya encontrando su lugar y la adolescencia deje de manifestarse como una búsqueda descontrolada sin respuestas y sin referentes (lo que no es otra cosa que la manifestación de problemas de conducta por un vacío existencial). Es en este punto cuando los modelos educativos familiares son más importantes que nunca y cuando debe aparecer claramente el establecimiento de normas (adecuadas a la edad) y las manifestaciones de afecto de los padres hacía él o la adolescente como valor seguro y estable.

4. Educación de la adolescencia: las estrategias de los padres

Por mi experiencia sé que la principal estrategia educativa en la adolescencia, además de

Educación de la adolescencia

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establecer referentes seguros, no es otra que el uso de paradojas que ponen al adolescente en la tesitura de demostrar todo lo bueno que esperan de él sus padres.  El adolescente quiere ser listo, quiere demostrar identidad y valía y, si los padres representan unos valores  sólidos y estables, y además demuestran unas expectativas positivas hacía él, es posible que el adolescente baje los niveles de conducta desafiante. Si, además, se le hace sentir que cualquier decisión suya se respeta, aunque conlleve consecuencias, el adolescente se tomará en serio su papel como miembro de la familia.

En pocas palabras el padre pasa de ser un protector y  guía en la niñez a ser quien manteniene los valores seguros y estables en la adolescencia. Por tanto pasa a ser un apoyo  y a la vez un modelo cuando todo es relativo y parece cambiar alrededor del joven. Es curiosamente en la adolescencia cuando los padres se ganan la admiración de los hijos. Admiración que por otra parte sólo se reconoce, cuando los hijos llegan a ser adultos.

5. La afectividad como base de una estrategia educativa

Los padres de hijos adolescentes suelen confundir la afectividad con el “colegueo”.  Los adolescentes no necesitan más colegas; necesitan un referente estable y seguro, y eso sólo se logra a través del afecto manifestado en la exigencia  de responsabilidades, a través de un modelo en el que hay normas y afecto por igual. También se logra con el reconocimiento de los  valores que tiene el hijo como persona. El amor de los padres por su hijo es una excelente brújula que le indica cuándo tiene que intervenir. Cuando se ama, se espera lo mejor, pero también se dan los medios para que ese hijo dé lo mejor. Educar ciertamente no es fácil, no existe una receta mágica que nos diga cómo y cuándo actuar de la forma más adecuada según cada momento. Lo mejor sería comprender que ciertamente la familia tiene dos funciones innegociables, que son: amar incondicionalmente y establecer límites claros. La adolescencia de los hijos, es una oportunidad para crecer, como personas y como familias; es un reto para nuestra humanidad para crecer juntos. La adolescencia es un llamado al corazón, para rescatar como padres la parte más humana de educar, eso que sólo hace la familia…

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