Competencia parental: protección frente a los problemas de conducta, por Isabel Iborra

[themecolor]Competencia parental: protección frente a los problemas de conducta[/themecolor]

Por Isabel Iborra, Profesora del Máster Oficial en Resolución de Conflictos en el Aula.

isabel.iborra@ucv.es

La competencia parental puede entenderse, de un modo amplio, como la capacidad de los padres para educar adecuadamente a sus hijos. Sin embargo, esto no aporta demasiada información al respecto, haciéndose imprescindible operacionalizar el concepto en sus principales componentes. Para entender lo que supone realmente la competencia parental es aconsejable desglosarla en cuatro bloques fundamentales: disciplina, supervisión, parentalidad positiva y técnicas de resolución de conflictos.

  1. La disciplina consiste en el establecimiento de las normas necesarias para la educación del niño y la convivencia diaria. Conlleva dar órdenes efectivas, en combinación con la utilización de estrategias educativas adecuadas. Entre estas estrategias se encuentran el refuerzo y el castigo como las más generalizadas, pero también existen otras como las consecuencias naturales o las consecuencias establecidas. Es muy importante que el castigo sea inmediato, proporcional, cumplible y que al niño no le quepa la menor duda de que el castigo ha sido la clara consecuencia de un mal comportamiento, diciéndoselo explícitamente.
  2. La supervisión consiste básicamente en el control de las conductas del niño por parte de los padres (estar atentos, tener conocimiento de lo que hace, con quién va, etc.).
  3. La parentalidad positiva incluye aspectos tan relevantes como la afectividad, el tiempo de ocio juntos, los refuerzos y la comunicación (saber escuchar). Todas las personas necesitamos afecto a lo largo de nuestras vidas, sin embargo, la niñez es una etapa clave en la que se desarrolla el apego y comienza a configurarse lo que será la personalidad de ese sujeto en el futuro; por tanto, para los menores la afectividad no sólo es positiva sino imprescindible para conseguir un desarrollo social y personal adecuado. El conflicto marital, la inconsistencia de los padres y la no coincidencia en los criterios educativos son factores que dificultan el desempeño de la parentalidad; además un alto grado de estrés y / o un alto nivel de conflicto parental correlaciona con una menor afectividad y un mayor aislamiento, lo que sitúa a los menores en una posible situación de riesgo.
  4. El último componente de la competencia parental son las técnicas de resolución de conflictos, que son fundamentales para un buen funcionamiento parental, así como para una buena adaptación general de cualquier individuo en la sociedad. Además, contribuyen a reducir el estrés, con lo que influye positivamente en las prácticas de parentalidad.

La influencia de la familia en el desarrollo de problemas de conducta es fundamental, no en vano son la influencia más importante durante los primeros años de vida, teniendo además un peso fundamental hasta la adolescencia. Hay diversas vías por las que la familia influye en este proceso; para el análisis de dichas vías, tendremos como referencia los cuatro componentes de la competencia parental.

  1. En cuanto al primer componente de la competencia parental, la disciplina, la literatura muestra que tanto una disciplina muy laxa como excesivamente rígida, correlacionan con problemas de conducta, violencia escolar y conductas predelictivas en menores. Por el contrario, los menores cuyos padres establecen límites apropiados y que supervisan el cumplimiento de las normas establecidas, tienen menor riesgo de presentar problemas de conducta. De hecho, parece que este es uno de los componentes de la competencia parental que mayor peso tienen en relación con la aparición y mantenimiento de problemas de conducta en la infancia.
  2. En relación al segundo componente de la competencia parental, es importante señalar que el bajo control parental también ha sido asociado con la implicación de los menores en problemas de conducta y, en concreto, en comportamientos delictivos y violentos. Especialmente en la adolescencia, la supervisión de las actividades que los menores llevan a cabo fuera de casa yel colegio, y de las relaciones que establecen con sus iguales, son importantes factores protectores de conductasviolentas. Este componente de la competencia parental adquiere una importancia mayor en la adolescencia, momento en el que la relación con grupos de iguales problemáticos se puede convertir en un factor de riesgo importante para presentar problemas de conducta e, incluso, conductas delictivas.
  3. En referencia al tercer componente de la competencia parental, la parentalidad positiva, hay ciertas características de las relaciones familiares como la cohesión emocional, el apoyo, el tiempo de ocio juntos, etc., que se han relacionado con un menor riesgo de presentar conductas problemáticas. En la misma línea, la expresión del afecto a los hijos y una buena comunicación padres – hijos puede suponer un importante factor protector.
  4. Para finalizar, la competencia parental también incluye las técnicas de resolución de conflictos. Pues bien, la literatura parece mostrar que los menores cuyos padres tienen habilidades de resolución de conflictos, aprenden de ellos a resolver los problemas pacíficamente, sin recurrir a la violencia, por lo que presentan menor riesgo de desarrollar problemas de conducta de distinto tipo.

Si combinamos los distintos componentes de la competencia parental: disciplina, afecto, supervisión y técnicas de resolución de conflictos, podemos afirmar que el contar con una familia en la que se expresa el afecto, traducido en cariño y dedicación de la persona que está cerca del menor; a través del cual se establecen unos límites bien definidos sobre las conductas que se permiten o no; en la que se hace uso de métodos educativos correctivos apropiados, sin llegar al castigo físico; y en la que el menor percibe un alto grado de apoyo y bajo grado de conflicto, contribuye al desarrollo de sentimientos de autodisciplina y seguridad, y protege de futuros problemas de conducta en los menores.

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Isabel Iborra
Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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