Apego y trastornos alimentarios en la adolescencia, por Gloria Cava

[themecolor]Ansiedad y proximidad a figuras de apego[/themecolor]

Dra. Gloria Cava, profesora del Máster en Resolución de Conflictos en el Aula, UCV «San Vicente Mártir». gloria.cava@ucv.es

 §0. [themecolor]Sobre el apego y sus tipos[/themecolor]

Según Bowlby, el apego es el resultado de un sistema de conductas instintivas que están presentes en la mayoría de las especies, y cuyo resultado es, comúnmente, la proximidad a ciertas figuras, llamadas «figuras de apego».

En el caso del ser humano, el apego no es sólo un vínculo afectivo que se restrinja a la infancia. Se da en todas las etapas de la vida y en todas ellas cumple la misma función, a saber: establecer con las figuras de apego un lazo emocional que impulse a buscar su proximidad y contacto. Esas figuras de apego suelen ser personas del sistema familiar y, en particular, la madre. Finalmente, en cada una de las etapas de la vida el apego puede tener estilos diferentes, es decir puede ser un apego seguro o inseguro. El apego inseguro se denomina también “ansioso”.

El apego es seguro cuando no hay dudas acerca de la accesibilidad a la figura de apego. Este tipo de apego se relaciona con el hecho de tener figuras de apego que son incondicionales y eficaces. Como subraya finalmente López Sánchez (1998), el apego seguro también se ha relacionado con una historia familiar satisfactoria y con unas prácticas de crianza afectuosas a la vez que exigentes y favorecedoras de la autonomía.

El apego es inseguro cuando las figuras de apego se muestran inaccesibles y no responden adecuadamente cuando se las necesita. El sujeto con apego ansioso suele adoptar la estrategia de mantenerse muy cerca de la figura de apego con el fin de garantizarse su disponibilidad en la medida de lo posible. Por eso, no es de extrañar que algunos autores (entre ellos, el propio Freud) hayan interpretado este vínculo de apego inseguro como una relación de sobre-dependencia del niño respecto de la figura de apego.

§1. [themecolor]Consecuencias negativas del apego ansioso[/themecolor]

El apego ansioso puede tener consecuencias indeseables en las diferentes etapas del desarrollo. En particular, la desconfianza propia del apego ansioso puede interrumpir o retrasar el desarrollo psicológico en momentos especiales. Según Mahler (1968), dos de esos períodos son el comprendido entre el segundo semestre de vida y los tres años, y la adolescencia.

Mahler acuñó los términos «individuación» y «separación» para designar un aspecto crucial del desarrollo humano que acaece en los períodos acabados de mencionar. En efecto, entre el segundo semestre de vida y los tres años tiene lugar un proceso por el cual el niño se separa o se individualiza. El grado de autonomía real que un individuo puede llegar a tener depende de este proceso de la infancia, proceso que vuelve a repetirse bajo una forma extrema durante la adolescencia. La adolescencia el momento de la autoafirmación de la personalidad a través de grandes cambios que van desde cambios anatómicos y fisiológicos hasta cambios en los gustos musicales.

La autoafirmación se  hace, sobre todo, frente a las figuras de apego, en particular frente a los padres. Como dice Morandé (1995):

«En el inicio de la adolescencia el chico o la chica parecen dispararse, definiendo en ocasiones con torpeza sus propios deseos: gustos, comidas, vestidos, música y compañía. A veces, en pocos meses, al igual que sucedió hacia el primer año de vida, todo parece cambiar. Esta autoafirmación hace al sujeto distinto a los ojos de sus padres y hermanos. Parece no necesitar, da la impresión que sólo quiere oponerse o llamar la atención. La mayoría de los padres lo llevan con cierta dignidad y reconocen a su hija o hijo más grande físicamente en la «edad del pavo», y por consiguiente, una etapa de la vida difícil de llevar pero transitoria»

La gran mayoría de los padres, pues, suelen reaccionar bien, asumiendo las dificultades por las que atraviesa el adolescente, un adolescente que es el primero en sentirse confuso ante los cambios que se están produciendo en él.

Otros padres -por suerte, una minoría- no toleran los desplantes, los enfrentamientos o el descenso del rendimiento académico de sus hijos, y contraatacan intentando, por todos los medios, que sus hijos no cambien. Si el vínculo de estos niños es ansioso, entonces se asustarán ante el comportamiento y actitud de sus padres, percibiendo en ellos amenazas de separación o pérdida. Esto les puede llevar a identificar los cambios que están experimentando con la causa de que sus padres actúen como lo están haciendo. Cuando tal cosa suceda, el adolescente se negará aceptar los cambios y, en particular, los cambios de tipo anatómico y fisiológico que está experimentando y tratará de mantenerse en una fase infantil. O’Kearney (1995) hace un excelente panorama sobre este tema.

§2. [themecolor]El apego ansioso y los trastornos de la conducta alimentaria[/themecolor]

Bruch (1973) (1978), Palazzoli (1978) y Masterson (1977) consideran que esas creencias del adolescente de apego ansioso están muy presentes en la patogénesis de los trastornos de la conducta alimentaria y, en concreto, de la anorexia y bulimia nerviosas. Según estos autores, el temor de ese adolescente puede llevarle a tratar de evitar su maduración física, intentando mantener su cuerpo prepubescente. Tienen, en definitiva, temor a crecer. Morandé (1999) recoge el testimonio -a este respecto- de algunas adolescentes afectadas de trastornos de la conducta alimentaria, como Ana Belén, de dieciséis años, que dice:

«Quiero ser una niña pequeña, prefiero morir antes que hacerme mujer»

Ha habido varios intentos de corroborar estas hipótesis y, en particular, si las perturbaciones del apego se dan, o no, en adolescentes con trastornos de la conducta alimentaria. Destacan los trabajos de Armstrong y Roth (1989), Kenny y Hart (1992) y Lavik et al (1991).

Armstrong y Roth (1989) trabajan con una muestra integrada por 28 chicas hospitalizadas: 12, con anorexia nerviosa; 12, con bulimia nerviosa; y 4 con un trastorno alimentario atípico. Les aplican el cuestionario SAT (Adolescence Separation Anxiety Test -Hansburg, 1986), obteniendo los resultados siguientes:

  1. Un 96% de las chicas manifiestan un apego inseguro;
  2. Un 85% presentan depresión por separación;
  3. No hay diferencias perceptibles entre anoréxicas y bulímicas a este respecto. En todas ellas se dan excesivas reacciones anómalas ante la separación.

Kenny y Hart (1992) cuantifican esas reacciones anómalas ante la separación. Trabajan con una muestra de 68 adolescentes hospitalizadas (50, con bulimia nerviosa; 18, con anorexia nerviosa) y un grupo control integrado por 168 estudiantes de secundaria. Les aplican los cuestionarios BAQ [Parental Attachment Questionnaire -Kenny (1990)] y EDI, obteniendo los resultados siguientes:

1) Las enfermas con trastornos de la conducta alimentaria puntuaron más bajo que las integrantes del grupo control en:

¨      calidad afectiva del apego;

¨      fomento de la autonomía por parte de los padres;

¨      rol jugado por los padres a la hora de  prestar apoyo emocional.

2) Las enfermas con trastornos de la conducta alimentaria asociaron esas puntuaciones (más bajas) con creencias acerca de la ineficacia personal, preocupaciones excesivas acerca de la delgadez y altos niveles de comportamiento bulímico.

Finalmente, Lavik et al (1991) trabajan con una muestra integrada por 1.193 adolescentes (entre ellos 631 mujeres). Les aplican los cuestionarios PBI, EAT-12 y un General Health Questionnaire. Según las puntuaciones dadas por las mujeres de la muestra, a los padres (en particular de las bulímicas) se les recuerda como más sobreprotectores que a las madres.

La teoría del apego bebe en la etología del Lorenz.

La teoría del apego bebe en la etología del Lorenz.

Tomados en conjunto los resultados de Armstrong y Roth (1989), Kenny y Hart (1992) y Lavik et al (1991), puede decirse que:

1º.     Corroboran la hipótesis de que las perturbaciones del apego son evidentes en mujeres con trastornos de la conducta alimentaria;

y

2º.    Sugieren que el apego inseguro, el miedo ante la separación y las dificultades con la autonomía diferencian a las jóvenes afectadas por trastornos de la conducta alimentaria de aquellas otras que no los padecen.

La conexión entre ese apego inseguro y preocupaciones excesivas en torno al peso ha sido investigada recientemente por Sharpe et al (1998). Trabajan con una muestra formada por 305 chicas, estudiantes con una media de  edad de 11,9 años con una desviación típica de 1,3 años. Se intenta evaluar en ellas:

  1. Su estilo de apego, mediante un autoinforme, que intenta clasificarlas según sus creencias y relaciones (Hazan y Shaver, 1987);
  2. Sus preocupaciones acerca del peso, mediante la escala desarrollada por Killen et al (1994);
  3. La percepción que tienen de su propia imagen corporal, mediante dibujos de siluetas femeninas (Childress et al, 1992);
  4. Su autoestima, mediante la cuestión siguiente: «¿Estás feliz contigo misma?»

Se obtienen los resultados siguientes:

1º.     208 chicas presentan un estilo de apego seguro y 97 de apego ansioso;

2º.    No hay grandes diferencias entre las chicas con apego seguro y las chicas con apego ansioso respecto de su percepción de su imagen corporal;

3º.    Las chicas con apego inseguro se muestran más preocupadas por el peso que las de apego seguro.

Finalmente, Sharpe et al (1998) añaden una razón más a las anteriormente mencionadas al tratar de explicar por qué las adolescentes de apego ansioso se muestran preocupadas por el peso más que las adolescentes de apego seguro. Dicen que las personas de apego ansioso tienen la impresión de ser rechazadas por los demás y que una manera de evitarlo puede ser tener una apariencia amoldada a los estándares sociales. Uno de esos estándares es el primado de la delgadez, impuesto por la tupida red de intereses sociales a que me he referido ya en el capítulo primero. Las adolescentes de apego inseguro pueden resultar, entonces, muy vulnerables ante los mensajes relacionados con la delgadez, lo que puede llevarles a ideales corporales nada realistas.

 

Referencias bibliográficas

Armstrong, J. y Roth, D.M. (1989): «Attachment and Separation Difficulties in Eating Disorders: A Preliminary Investigation». International Journal of Eating Disorders 8: 141-155.

Betacourt, L., Rodríguez Guarín, M. y otros (2007): «Interacción madre-hijo, patrones de apego y su papel en los trastornos del comportamiento alimentario». UNIVERSITAS MEDICA vol. 48, 3: 261-276. [http://med.javeriana.edu.co/publi/vniversitas/serial/v48n3/8-INTERACCION.pdf]

Botella, Ll. y Grañó, N. (2008): «La construcción del Apego, la Cohesión Diádica y la Comunicación en pacientes con Trastornos de la Conducta Alimentaria», Apuntes de Psicología vol. 26, 2: 291-301. [http://www.cop.es/delegaci/andocci/files/contenidos/vol_26_2_11.pdf]

Bowlby, J. (1951): Maternal Care and Mental Health. Geneve, WHO (Versión española: Bowlby, J. (1982): Cuidados maternos y salud mental. Buenos Aires, Humanitas).

Bowlby, J. (1969): Attachment and Loss. I. Attachment. London, Hogarth Press (Versión española: Bowlby, J. (1998): El apego y la pérdida. 1. El apego. Barcelona, Paidós).

Bowlby, J. (1973): Attachment and Loss. II. Separation: Anxiety and Anger. London, Hogarth Press (Versión española: Bowlby, J. (1985): El apego y la pérdida. 2. La separación. Barcelona, Paidós).

Bruch, H. (1973): Eating Disorders. New York, Basic Books.

Bruch, H. (1978): The Golden Cage: The Enigma of Anorexia Nervosa. Cambridge, MA, HarvardUniversity Press.

Cotrufo, P., Barretta, V. y Monteleone, P. (1997): «An Epidemiological Study on Eating Disorders in Two High Schools in Naples», European Psychiatry 12: 342-344.

Childress, A.C., Jarrel, M.P. y Brewerton, T.D (1992): «The Kid’s Eating Disorders Survey (KEDs): Internal Consistency, Component Analysis, and test-retest Reliability». Fifth International Conference on Eating Disorders, New York.

Hazan, C. y Shaver, P. (1987): «Romantic Love Conceptualized as an Attachment Process». Journal of Personality and Social Psychology 52: 511-524.

Kenny, M. y Hart, K. (1992): «Relationship between Parental Attachment and Eating Disorders in an Inpatient and a College Sample». Journal of Counselling Psychology 39: 521-526.

Killen, J.D., Taylor, C.B., y otros (1994): «The Pursuit of Thinness and Onset of Eating Disorder Symptoms in a Community Sample of Adolescent Girls: A Three-Year Prospective Analysis». International Journal of Eating Disorders 16: 227-238.

Lavik, N., Clausen, S. y Pedersen, W. (1991): «Eating Behaviour, Drug Use, Psychopathology and Parental Bonding in Adolescents in Norway». Acta Psychiatrica Scandinavica 84: 387-390.

López Sánchez, F. (1998): «Evolución de los vínculos de apego en las relaciones familiares», en Rodrigo, M.J. y Palacios, J. (coords.): Familia y desarrollo humano. Madrid, Alianza editorial, págs. 117-139..

Mahler, M.D. (1968): On Human Symbiosis and the Vicissitudes of Individuation. Vol. 1, Infantile Psychosis. Nueva York, International Universities Press.

Masterson, J. (1977): «Primary Anorexia Nervosa», en Hartocollis, P. (ed.): Borderline Personality Disorders. New York, International Universities press, págs. 475-494.

Morandé, G. (1995): Un peligro llamado anorexia. La tentación de adelgazar. Madrid, Temas de hoy.

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O’Kearney, R. (1996): «Attachment Disruption in Anorexia nervosa and Bulimia Nervosa: A Review of Theory and Empirical Research». International Journal of Eating Disorders 20: 115-127.

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Sharpe, T., Killen, J.D., Bryson, y otros (1998): «Attachment Style and Weight Concerns in Preadolescent and Adolescent Girls». International Journal of Eating Disorders 23: 39-44.

 

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Gloria Cava es doctora en psicología y máster en psicología clínica,en terapia familiar y en terapia breve estratégica. Es psicóloga especialista en Psicoterapia por la Federación Europea de Asociaciones de Pscólogos (EFPA/COP). Ha sido psicóloga adjunta de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Universitario la Fe (Valencia) entre 1999 y 2011 [véase: http://www.gloriacavapsicologa.com]

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