Alta sensibilidad en la infancia, un rasgo a tener en cuenta en las aulas, por Margarita Gutiérrez

Alta sensibilidad en la infancia, un rasgo a tener en cuenta en las aulas, por Margarita Gutiérrez, profesora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula de la UCV

En el inicio de curso los niños llegan el primer día a una nueva aula, profesor, nuevos compañeros… Todas estas novedades suponen gran cantidad de estímulos que procesar.

Todos conocemos niños que reaccionan de manera diferente a ese primer día de colegio. Por ejemplo, algunos se muestran cómodos y extrovertidos, recorren la clase, buscan juguetes, libros, cajas, tocan, abren, sacan… Sin embargo, otros niños pueden quedarse más quietos y se muestran más retraídos, parece que les cuesta lanzarse a interactuar con las novedades. Estos niños, con frecuencia, reciben la etiqueta de niños “tímidos”, y a los que parece que les supone un gran esfuerzo adaptarse al nuevo entorno.

Pero ¿por qué hay niños que parecen más tímidos? Aunque este artículo no va sobre la timidez y sabemos que las reacciones al primer día de clase de un niño pueden estar condicionadas por variables muy diferentes, seguro que reconocéis a alguien con este tipo de respuesta. Que pueden parecer necesitar más tiempo para adaptarse a los nuevos ambientes, y más si suponen también un grupo numeroso de personas, como lo es una nueva clase.

Una explicación que podría estar detrás de estos comportamientos la encontramos en lo que llamamos la sensibilidad del procesamiento sensorial. Hay niños que tienen una mayor sensibilidad que se traduce en una mayor capacidad de percibir los estímulos del entorno. No quiere decir que tengan mejor olfato o vista, sino que su cerebro procesa la información de manera mas exhaustiva. Cuando llegan a una clase nueva, hay alumnos que se fijan en la distribución de las mesas, en los dibujos de la pared, en la silla del profesor… pero otros, cuando llegan a ese mismo espacio, pueden percibir además de los nuevos objetos la expresión del rostro del maestro, la luminosidad que entra por la ventana, el calor que hace, los murmullos de los compañeros, el ruido de las sillas por el pavimento, el olor de las pinturas… Es como si detectaran con más precisión todo lo que les llega.

Esa capacidad de percibir una mayor cantidad de estímulos implica que a menudo necesiten un mayor tiempo para sentirse cómodos o simplemente necesitan más tiempo que otros para observar todos esos nuevos juguetes, actividades y niños antes de interactuar. Este comportamiento, que a menudo se ha entendido como si se tratará de niños más tímidos o miedosos, ha influido fácilmente en etiquetas respecto a la personalidad de algunos niños. Pero el procesamiento sensorial que tienen estos niños es independiente de los rasgos de introversión y neuroticismo, que pueden en algunos casos estar asociados a la alta sensibilidad, pero no son lo mismo.

La introversión es uno de los rasgos clásicos de personalidad que se refiere a las personas que tienden a ser más reservadas, calladas y tímidas, en contraposición de los extrovertidas, que suelen mostrarse más a menudo impulsivas y amistosas. El neuroticismo es otra dimensión de la personalidad que tiene que ver con la emocionalidad, las personas más cerca de este rasgo suelen mostrarse más inestables y preocupadas.

Los niños con alta sensibilidad son más conscientes que otros de su edad de todo lo que les rodea y al procesar con más detalle los estímulos que les llegan, en algunos momentos estas situaciones ruidosas o ambientes recargados pueden abrumarles. También pueden parecer más inhibidos, ya que tienen una mayor capacidad para darse cuenta que lo que sucede a su alrededor y reflexionar sobre ello, lo que les lleva más fácilmente a inhibir su comportamiento en determinadas situaciones.

Algunos niños con alta sensibilidad pueden tener fama de “protestones” o “quisquillosos”, que se quejan mucho, del frío, de la comida, de la ropa, que les pica, que están incómodos, etc. A menudo pueden preferir jugar solos, o con un solo amigo y tienden a evitar los grupos grandes, y más si es con niños que no conocen. Como consecuencia de evitar todo aquello que les molesta y de su profundidad de pensamientos, pueden ser más intensos en sus respuestas emocionales, y montar grandes pataletas sin aparente explicación para los adultos.

La Sensibilidad de Procesamiento Sensorial es el término científico que se utiliza para agrupar todas las investigaciones y estudios relacionados con la sensibilidad sensorial y su procesamiento. En 1996 la psicóloga e investigadora americana Elaine Aron utilizó las siglas HSP (Highly Sensitive Person) para describir a las personas con alta sensibilidad. Sus estudios indican que un 20% de la población tienen esta forma peculiar de sentir llamada “alta sensibilidad”.

Pero no todos los niños con alta sensibilidad son iguales. Esta sensibilidad, según Aron (2017), puede ser de diferentes tipos:

  • Sensibilidad física: por ejemplo a sonidos, aromas, a los tejidos de las prendas de vestir, al dolor, a la mezcla de sabores, a lugares muy concurridos, etc.
  • Sensibilidad emocional: mostrando fuerte empatía hacia los demás desde temprana edad.
  • Sensibilidad a los estímulos nuevos: por ejemplo se da cuenta enseguida de si hay algún cambio en su habitación, en sus cosas, o en otras personas, y tampoco le gustan las sorpresas.

Elaine Aron explica que la sensibilidad no se elige, sino que viene dada con el temperamento infantil. No hay diferencias entre niños y niñas, y parece que existe una cierta predisposición genética. Si algún padre tiene alta sensibilidad los hijos son más vulnerables.

A pesar de que los estudios sobre la sensibilidad del procesamiento sensorial tienen más de veinte años, todavía se trata de un concepto que no ha recibido la atención suficiente por parte de la comunidad científica y la sociedad en general. Podemos decir que se trata de un constructo relativamente nuevo del que queda mucho por investigar.

Por ello creo importante dar a conocer la existencia de personas y niños más sensibles que otras, dado que la educación de un niño tiene que ser ajustada a sus características de desarrollo, a su personalidad, a su forma de mirar y sentir la vida. Entender la sensibilidad como un rasgo, y no como una debilidad, e identificarla en el comportamiento de algunos de nuestros alumnos, supone un nuevo enfoque para todos los que trabajamos con la infancia, padres, educadores y otros expertos en el desarrollo infanto-juvenil.

No se trata de poner nuevas etiquetas, o de cambiar unas por otras, sino de entender la gran diversidad en el desarrollo infantil, y avanzar en la comprensión y el conocimiento que tenemos sobre los niños que están a nuestro cargo. Entender como siente un niño con alta sensibilidad, el porqué de sus reacciones, qué le lleva a determinados comportamientos… nos ofrece la información necesaria para ajustar mejor nuestras intervenciones educativas. Para enseñar bien y educar a un niño, es imprescindible comenzar por comprenderlo.

Más información:

Aron, E. N. (2017). El don de la sensibilidad en la infancia. Barcelona: Obelisco.

Sobre la autora

Margarita Gutiérrez es profesora de la Universidad Católica de Valencia, en la rama de psicología del desarrollo y de la educación. Es doctora en Psicología por la Universitat de València y tiene un Máster en Gerontología en la Universidad de Salamanca. Sus líneas de investigación se centran en la psicología positiva y el desarrollo humano, envejecimiento positivo, y desarrollo infantojuvenil.

Máster Universitario en Resolución de Conflictos en el Aula

UCV

 

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Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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