Adolescente en desarrollo y redes sociales, el gran espejo donde mirarse, por Margarita Gutiérrez

Adolescente en desarrollo y redes sociales, el gran espejo donde mirarse, por Margarita Gutiérrez, profesora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula de la UCV

El último informe que leí sobre el uso de los teléfonos móviles y redes sociales hablaba del 92% de adolescentes españoles, entre 14 y 16 años, con un perfil propio en las redes sociales. Cada vez hay más niños que entre los 10 y los 12 años tienen su primer smartphone.

Los adolescentes de hoy tienen una nueva forma de socializar y relacionarse con sus iguales, a través de internet y las redes sociales. que no tuvimos los que ahora somos sus padres. Pero las características de la etapa siguen siendo las mimas. La adolescencia supone una época vulnerable del desarrollo, donde la construcción de la identidad y la relación con los otros son tareas a las que se dedica un esfuerzo considerable. También sabemos el tiempo que dedican los adolescentes a vestirse, pintarse, peinarse… Las percepciones, sentimientos e incluso las acciones que tienen que ver con el cuerpo y la apariencia externa son una fuente inagotable de satisfacciones e insatisfacciones para los adolescentes. Las consecuencias sobre cómo se ven y los juicios que hacen de sí mismos tienen repercusiones directas en su autoconcepto y autoestima. Sin olvidar, además, que en esta etapa las vivencias pueden ser sentidas de manera más intensa y temperamental.

El entorno social tiene un papel fundamental en el desarrollo emocional. Todas las formas de autoconocimiento y evaluación de sí mismos van ligados al desarrollo de las nuevas destrezas que tienen los adolescentes para interpretar las actitudes de los otros en los procesos de interacción social.

En este entorno social entran las redes sociales pisando fuerte durante la adolescencia. Suponen un nuevo estándar para evaluarse a sí mismo y a los demás, y accesible en cualquier momento. A la necesidad de estar conectados también acompaña la necesidad de ser admirados, aceptados, fruto de la inseguridad de los cambios propios de esta etapa del desarrollo y la necesidad de aprobación que conlleva.

La adolescencia es un momento en el que la imagen corporal tiene una gran importancia y el hecho de tener siempre a mano una cámara de fotos a través de los teléfonos y la facilidad con la que se puede subir una imagen tiene su efecto en las redes. En una etapa del desarrollo en el que la impulsividad suele ser una característica bastante general, junto con la rapidez con la que se puede subir las fotos y videos a las redes sociales hace que esta acción tenga sus riesgos.

Hoy en día muchos chicos y chicas están continuamente subiendo imágenes de ellos mismos, los conocidos selfies. Detrás de esta conducta de compartir y mostrar a los otros una imagen o video, hay además una búsqueda de reacción por parte de los amigos y conocidos de la red social. Cuándo la reacción no es la esperada, puede ser por la falta de “likes” o por otro tipo de reacciones, la repercusión emocional en el adolescente también tiene sus consecuencias emocionales. A esta edad saber que gustan y son valorados por los demás es muy importante.

Pero es necesario un espíritu crítico para entender este mundo online y poder hacer frente a las diferentes situaciones que se pueden generar. Los adolescentes deben tener en cuenta que lo que se proyecta en la realidad online no es siempre lo que parece. Las redes sociales permiten una comparación continúa y una constante evaluación por parte de los demás en relaciona su aspecto físico, a sus hobbies, sus éxitos, etc., como todas aquellas imágenes que comparten. Ellos lo saben y al igual que dedican mucho tiempo a arreglarse para salir de casa, también dedican gran esfuerzo para ofrecer una buena imagen en sus redes sociales.

Un estudio en Alemania muestra que los adolescentes chicos tienen una tendencia a mostrar en las redes imágenes que tienen que ver con la promoción de sus logros, mientras que las chicas imágenes relacionadas con su aspecto físico.

En este momento de formación de la personalidad tenemos con las redes sociales un gran espacio para la construcción de la identidad social. Y no están solos, tienen continuamente una gran ventana a la vida de los demás, lo que propicia que todo sea accesible para la comparación. Aparece entonces otra posible fuente de insatisfacciones a través de una clásica emoción: la envidia.

Cuando quieres lo que no tienes pero si lo ves en el otro, con el suplemento que ofrece la posibilidad de estar continuamente viendo las imágenes de la vida “online” de los demás puede aumentar las oportunidades para sentir esa tristeza por el bien ajeno. Esta emoción normal en la vida de las personas puede intensificarse y multiplicarse según el uso que se haga de las redes sociales. La envidia dirige la atención a aquello que no tienes generando frustración. Muchas de las agresiones o discusiones de tipo verbal que surgen en las redes sociales tienen que ver con la envidia.

Pero no hay que olvidar que estos sentimientos surgen de la comparación. Y estos juicios tiene que ver con la manera que tenemos de interpretar la información que nos llega, de las explicaciones que nos damos a nosotros mismos de las imágenes que consumimos, “en esta foto Fulanita está en una fiesta, a ella le invitan a muchas fiestas porque tiene muchos amigos y es popular – no como yo”. Una vez más entender que el mundo virtual no es el mundo real implica un esfuerzo por parte de los usuarios. Y en el caso de los adolescentes es necesario una educación para un uso adecuado de las redes sociales.

Es necesario dotar de estrategias para hacer frente a esa comparación continúa a la que están expuestos , tema para otro artículo, pero un sencilla que se les puede plantear tiene que ver con la evitación de esa sobreexposición.

No sería justo terminar con la idea de que todo es malo en las redes sociales. También la comparación social tiene su aspecto positivo en la motivación hacia al cambio. Si ves algo que te gusta en el otro puedes esforzarte para conseguirlo. Pero es necesario un espíritu crítico y reflexivo, capacidades cognitivas que ya tienen los adolescentes, pero deben poner en práctica. Hay que enseñarles a preguntarse antes ¿Eso que estás viendo en el otro es real? ¿Quieres eso de verdad? ¿Puedes conseguirlo? Generar expectativas realistas ayuda a evitar frustraciones.

Sobre la autora

Margarita Gutiérrez es profesora de la Universidad Católica de Valencia, en la rama de psicología del desarrollo y de la educación. Es doctora en Psicología por la Universitat de València y tiene un Máster en Gerontología en la Universidad de Salamanca. Sus líneas de investigación se centran en la psicología positiva y el desarrollo humano, envejecimiento positivo, y desarrollo infantojuvenil.

Máster Universitario en Resolución de Conflictos en el Aula

UCV

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Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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