Mujer loca y suicida en la literatura y en la historia, por Ana Ortega

Ana Ortega Larrea

El número 16 de Dossiers Feministes, Mujeres, creación y dolor, recoge con su título las palabras con las que se podría rotular toda la historia del feminismo. Desde su origen, el tesón de mujeres por recuperar los derechos humanos que les pertenecen tiene su parangón en la historia de la liberación de la esclavitud. Si bien nos creemos que las torturas aplicadas a los esclavos fueron más suaves que las aplicadas a las mujeres tachadas de locas, no tenemos más que leer el estudio de Elaine Showalter, The Female Malady: Women, Madness and English Culture, 1830-1980, donde se recoge la evolución del contexto cultural, social y científico de la psiquiatría en Inglaterra durante los siglos XIX y XX. La crueldad de tales tratamientos, lleva a Michael Foucault, en Madness and Civilization, a considerar a las pacientes psiquiátricas como otros “cristos”.

Foucault, Gilbert and Gubar en The Mad Woman of the Attic, Showalter, son quizás los autores más conocidos de una larguísima lista de críticos e historiadoras que recogen la terrible historia de la psiquiatría y su reflejo en la literatura o en la vida cotidiana. Entre tantísimos podríamos mencionar quizás a Rachel Bowlby, Elisabeth Bronfen, Peter Brooks, Phyllis Chesler, Nancy Chorrodow, Andrea Dworkin, Irving Gottesman, Susan Griffin, Carolun Heilbrun, Barbara Hill Rigney, Elisabeth Howell, Alice Jardine, Judith Kegan Gardiner, Jane Ussher… Los datos y explicaciones de sus estudios son escalofriantes, sin embargo, las salvajadas a las que se han visto sometidas las mujeres en la historia de la psiquiatría constituyen un hecho desconocido para la mayoría de los escolares y adolescentes. No se menciona en ningún manual escolar y, en cuanto a las enciclopedias, tampoco aluden al hecho en sí. Habría que acudir a las teorías de diversos siquiatras del momento para poder intuir algo de esta historia de torturas psiquiátricas contra las mujeres.

Mujer loca y suicida: la muerte como liberación de una vida tortuosa

A la luz de estos y otros muchos estudios, alcanzan todo su sentido tantas novelas famosas en las que las protagonistas o personajes femeninos clave se suicidan o coquetean con el suicidio: Bertha Mason es la loca suicida del ático en Jane Eyre; Shirley planea su eutanasia; Edna se deja arrastrar por las aguas del Golfo de Mexico en  The Awakenings; Antoinette Cosway escapa de un matrimonio infeliz nadando hasta agotarse en  Wide Sargasso Sea; del mismo modo, la narradora escapa de su marido trepando por la pared en el suicidio simbólico de The Yellow Wallpaper; Clarissa o  Mrs. Dalloway tambien encuentra en el suicidio la única salida a la cultutra patriarcal; Lise en The Driver’s Seat  es una solterona en busca de su asesino… Son novelas de diversas autoras, diversas culturas, y diversos momentos en la historia y todas coinciden en presentarnos a las mujeres en una búsqueda inútil de su identidad, marginadas por el contexto social y una familia que no acepta sus diferencias. Son mujeres torturadas por los tormentosos tratamientos siquiátricos; mujeres que quedan atrapadas en un camino sin otra salida que el suicidio. Entender el suicidio de estas novelas en términos románticos, supone vaciar la literatura de la crítica contra la sociedad machista. En todo caso, y como afirma Nieves Pascual Soler en “Elaine Romero: el teatro transfronterizado”, el suicidio de Walking Home (1996) no se entiende como destrucción sino como resurrección de sí misma.

Juncal Caballero, en “Francés Farmer tendrá su venganza en Seatle”, recoge la realidad de una artista que es diagnosticada de psicosis maniaco-depresiva y luego de esquizofrenia. Ingresada por su propia familia en manicomios, es tratada con inyecciones de insulina, electroshocks y baños de agua con hielo durante horas. Es alimentada como las bestias, pues se le lanzaba la comida al suelo para que se pelearan con otros pacientes por alcanzarla. Se le obligó a prostituirse con soldados y enfermeros, y su cuerpo fue usado como cobaya para probar diferentes drogas. Parece ser que no le practicaron la lobotomía, tan frecuente en aquella época.

Su familia, como tantas otras, la recluyó en el psiquiátrico buscando su bien. Como tantas otras familias, pensaron que esos tratamientos eran buenos para las mujeres que no se ajustaban a los cánones sociales. Generación tras generación, la cultura occidental demuestra estar ciega ante la deshumanización de sus costumbres. La barbarie machista, con justificación médica en este caso, es una variante más de la capacidad del ser humano para hacer daño a los demás con justificaciones teóricas, racionales y por qué no, religiosas.

El caso de Frances Farmer, nos explica Juncal Caballero en su artículo, es recordado por cantantes de rock y pop, Nirvana y Kortatu, grupos de música con canciones anti-sistema, porque todavía la sociedad actual oculta dramas pasados que le llevarían a revisar la conducta del presente: la contante marginación de las mujeres en todos los niveles y ámbitos de la sociedad.

Os dejo con un vídeo en el que se entrevista a Elaine Showalter sobre el tema.

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Ana Ortega Larrea es directora de la Cátedra de Estudios y Atención a las Mujeres “Teresa Gallifa” de la UCV "San Vicente Mártir" y directora del Máster Universitario en Igualdad y Género de dicha institución.

Ana Ortega Larrea

Ana Ortega Larrea es directora de la Cátedra de Estudios y Atención a las Mujeres “Teresa Gallifa” de la UCV "San Vicente Mártir" y directora del Máster Universitario en Igualdad y Género de dicha institución.

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