Madre Paula: “Me encanta ser mujer”

En la Cátedra de Estudios y Atención a las Mujeres, “Teresa Gallifa”, quisimos averiguar qué visión tienen de la mujer unas monjas jóvenes -25 años de media- que dedican su vida a la oración y el cuidado de los enfermos y pobres. Nos recibió una monja con una sonrisa enorme -la Madre Paula- y nos hizo pasar al recibidor, donde le abordamos con una lista de preguntas. Nos explicó que siete monjas de la Fraternidad Arca de María se instalaron hace tres meses allí, en el Convento del Corpus Cristi de calle Guillem de Castro 175, por petición del Arzobispo de Valencia, Don Carlos Osoro.

No son monjas de clausura, abren su basílica a quienes quieran pasar a rezar durante todo el día. Reciben visitas y viven de la Providencia. Los vecinos que conocen su labor gratuita de cuidado a los pobres, les hacen llegar comida. “A veces” -nos dice la Madre Paula- “Dios nos lee el pensamiento, porque deseamos tener tomates para poderlos mezclar con unas latas de atún e inmediatamente pasa una señora y nos deja una bolsa con tomates”. Los vasos, tazas, cubiertos, las sillas donde están sentadas, llegaron porque la gente se acercaba a dejarles todo lo que necesitan.

El carisma de una fundación tan reciente es la Total Consagración a la Virgen. ¿Quién es María?, ¿Por qué consagrarnos a María? “María, es un medio, no el Fin, es el medio que nos lleva al Fin”, nos explica la Madre Paula. Los tres pilares de su carisma son la Adoración al Santísimo Sacramento, la misión evangelizadora y el cuidado de los pobres o enfermos abandonados en las calle.

Cuando hablaba de su atención a los sin techo, me vino a la cabeza una frase de Sor Aurora, la superiora de las Siervas de la Pasión, otras monjas con una función en la Iglesia muy distinta, y sin embargo, tan parecidas en lo esencial. Un día -no sé por qué motivo- caminaba con Sor Aurora por la calle, me llamó la atención que conocía a todos los pobres por sus nombres, y con absoluta naturalidad me dijo: “estos son mis amigos”.

Le pedimos a la Madre Paula que explicase cómo ponen esos tres pilares de su carisma en práctica, en un día ordinario, y nos resumió el horario de un día cualquiera. Se levantan a las 5:45. Hacen oración. Laudes y dos rosarios. Desayunan. Otra vez meditación. Una hora de estudio sobre documentos de la Iglesia,…y es que “la fe se alimenta con la oración, los sacramentos y la formación. La formación constante es clave hoy en día”. Después de estudiar, se dedican a las labores del hogar (plancha, cocina, suelos… las monjas rotan por todos los trabajos). Rezan, de nuevo, media hora antes de comer a las 13h. Las cocineras han de ser especialmente ingeniosas para cocinar con lo que haya. Lógicamente, y con una jornada tan larga, tienen media hora de silencio y descanso o lectura, hasta las 15h: Exposición del Santísimo Sacramento. Y de allí, parten a evangelizar a pobres y enfermos. Les llevan comida (si tienen), les hacen compañía, rezan y hasta cantan con ellos. Acuden a la Santa Misa en la parroquia, por la tarde. Finalmente, se vuelven a recoger en su convento.

Puesto que su fuerza viene de los sacramentos, acuden a la Santa Misa diariamente y se confiesan una vez a la semana, y en su evangelización aconsejan a los demás ir a Misa al menos los domingos y confesarse mensualmente. “El apostolado no se hace, sino que se es. Nosotras somos misión”. Con esta frase nos explica que no reparten un mensaje ajeno a su vida, sino que buscan compartir la alegría que experimentan diariamente. Por la fuerza de los medios de comunicación y sus campañas anticlericales, lo lógico sería que la sociedad entera rechazara a unas jóvenes con hábito. Pero no es así. La madre Paula nos contó que han sido muy bien acogidas en Valencia. Quizás porque su apostolado es gratuito, dejan estampas o medallitas en cualquier tienda donde van a comprar, y la gente se sorprende de la gratuidad. Con máximo respeto son recibidas entre los pobres y entre los no pobres. Incluso los jóvenes se les acercan para pedirles un rosario.

A continuación, le formulamos una pregunta más difícil de responder: ¿Cómo rezan? “Nuestra oración debe ser el diálogo confiado con un padre, con un esposo, con un hermano, porque Dios es todo eso”. Piden a Dios por las almas que van a evangelizar antes de hablar a las personas de Dios, y es que, imitan a María que ruega por nosotros a Dios. En sus salidas apostólicas, además, comprueban que existen mujeres santas, ocultas a la sociedad porque nadie las conoce. No son famosas y nunca serán canonizadas. Son personas admirables que gastan su vida en el cuidado de otros familiares enfermos; otras veces son mujeres anodinas, sin trabajos importantes ni reconocimiento público, las que constituyen el pilar que une a una familia con graves problemas, como las adicciones. Esas personas, con su vida oculta, son un verdadero testimonio de santidad para todos.

«Pretender que las mujeres seamos iguales a los varones es perder el tiempo»

-¿Por qué están tan alegres?

Porque tenemos a Dios; ese es nuestro tesoro. Somos felices de responder a esa llamada de Dios”.

-¿Qué es para usted la felicidad?

La vida siempre estará llena de cruces y sufrimiento, y a pesar de los problemas que todos tengamos, la felicidad solo se alcanza en el abandono de uno mismo en Dios, en la confianza de que Dios conoce las amarguras de la vida de cada uno, y las permite, sin dejar de amarnos como un Padre”.

Entonces llegamos el tema del mal en el mundo, una realidad cotidiana. Santa Teresa de Calcuta afirmaba que el origen de todos los males es la soberbia y la codicia humana… “y el egoísmo” añadió la Madre Paula, “el egoísmo nos impide pensar en qué nos necesitan los demás”. ¿Y qué debemos hacer si alguien en quien hemos confiado, alguien que considerábamos amigo… traiciona nuestra confianza? “Las traiciones nos hacen sufrir pero nos purifican porque nos redirigen al único que no traiciona. Solo Jesucristo no traiciona, solo él es nuestro modelo

-¿Si alguien se ha alejado mucho de Dios, qué le aconseja para recuperar la fe?

Para acercarse a Dios y a su Iglesia, primero hay que querer volver. La primera pregunta que uno debe hacerse es « ¿Quieres volver?». La fe no se pierde por casualidad, de repente, como cuando se nos pierde algo por la calle o debajo del armario; sino que la dejamos morir poco a poco, como a una planta que no se riega. Si abandonamos los sacramentos, la oración y la formación, entonces nuestra fe se muere”.

«Toda autoridad debe ser vista como un servicio»

-Constantemente se critica a la Iglesia Católica como una institución injusta que no permite a las mujeres optar al sacramento sacerdotal, y por tanto nos ofrece un trato desigual ¿Se sienten discriminadas por la Iglesia? ¿Cómo entienden la Igualdad entre mujeres y varones?

Pretender que las mujeres seamos iguales a los varones es perder el tiempo. Solo somos iguales en dignidad humana, y en lo demás, somos diferentes. Me encanta serlo, me encanta ser mujer, porque Dios me ha dado el don de la maternidad. Existe un paralelismo entre el matrimonio y la vida consagrada. Las mujeres estamos llamadas a enamorarnos y a ser fecundas. Las monjas estamos enamoradas de Dios y, con nuestra oración y sacrificio, surgen las vocaciones de sacerdotes. Nuestra fecundidad es nuestra misión apostólica, porque hablamos a Dios de las personas y a las personas de Dios, como una madre con sus hijos”.

-¿Cree que es más propio de las mujeres asumir la autoridad como una responsabilidad para servir a los demás que como una ocasión de ejercer el mando?

Claro que sí, totalmente de acuerdo, pues toda autoridad, debe ser vista siempre como un servicio: ‘el servicio de la autoridad’. Cuando el Santo Padre recientemente habló sobre el papel de la mujer en la Iglesia, debemos entender que el punto clave es que trabajemos y profundicemos en la teología sobre la mujer, y la riqueza de su genio. La Iglesia además de ser de Jesucristo y de sus apóstoles, es Iglesia-Madre e Iglesia-Esposa, estas expresiones revelan con claridad cuán profundamente está inscrito en el Misterio de la Iglesia la misión de la mujer. A lo largo de  los siglos no pocas mujeres se han destacado por su extraordinario amor a la Iglesia. En momentos de especiales dificultades, armadas con una profunda fe en Dios, con el encanto y valentía propios de su condición, realizaron trabajos de reconstrucción y reforma de la Iglesia, y me viene a la memoria mujeres como Santa Catalina de Siena, Teresa de Jesús, Hidelgarda de Bingen etc.

Nos regaló unos dípticos y un libro sobre la devoción a la Virgen María. Rezamos un Ave María en la basílica del convento y nos despedimos. Desde este blog animamos a todos los estudiantes y mujeres que nos lean, a ser solidarios con alimentos, o como puedan, con las monjas que viven para cuidar personas pobres, marginadas en las calles del centro de Valencia.

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