La coeducación se debate

[themecolor]Igualdad de oportunidades: a vueltas con la coeducación[/themecolor]

por D. Carlos Martinez Herrer profesor del Máster de Igualdad y Género.

Nuestra época se está viendo sometida a transformaciones hasta ahora insospechadas que afectan a las formas de entender y practicar la educación, en todas las modalidades que ésta adopta en las sociedades avanzadas, y a sus relaciones con el mundo de la vida y la cultura. El papel de la mujer en la escuela y en la sociedad está, pues, en revisión. Una de las finalidades esenciales de la educación ha de ser la preparación para la  convivencia social, que es heterogénea, compleja y plural en las sociedades actuales.

Los defensores de la coeducación (“educación que se da juntamente a jóvenes de ambos sexos”, según la Real Academia Española), y que son mayoría en los sistemas educativos de los países occidentales desde los años 60 del siglo pasado, indican que es preciso incidir más en la dimensión psicoafectiva y las habilidades sociales del educando  que en la dimensión intelectual para el desarrollo de la persona: la atención prioritaria a la afectividad y la interacción social, a costa de una menor atención al desarrollo de la inteligencia teórica y práctica. Tendríamos así una suerte de escuelas donde lo más importante sería el variado cúmulo de relaciones sociales y emocionales entre los miembros de la comunidad educativa y, especialmente, entre los coeducandos, por encima de lo que Lévi- Strauss llamaba “las enseñanzas recibidas en el transcurso de los años de forma diluida”.

Igualdad no es uniformidad

El rendimiento escolar se valora, en esta perspectiva, menos que la adquisición de habilidades sociales y las destrezas para relacionarse con los coeducandos del otro sexo. Parece, además, que la dinámica del comportamiento afectivo adolescente refuerza la tesis de que habría que dejar en un segundo plano lo cognitivo, y los contenidos en el proceso educativo. En efecto, durante la pubertad se va forjando poco a poco la identidad sexual, y ahí los escolares (no todos) se comportan exagerando los rasgos propios de su sexo por su propia inmadurez e inseguridad. En estas edades, pocos muchachos tendrán la generosidad, o pocas muchachas la voluntad, de desafiar sus propios complejos y exteriorizar  lo que consideran subjetivamente un desastre: no ser aceptados por su mismo grupo sexual de iguales. Y esto es lógico desde un punto de vista estrictamente educativo, porque un adolescente también está en proceso de formación de su madurez, de su seguridad personal, de su generosidad, y de su voluntad.

El debate sobre la coeducación enlaza obviamente con la pregunta sobre las finalidades últimas de la educación y de la escuela: ¿debemos anteponer la socialización o la personalización? ¿Se ha de ayudar a la progresión de cada persona individual, o bien procurar que todos alcancen homogéneamente los niveles sociológicamente dominantes de teoría y práctica, de pensamiento y acción? ¿Hemos de potenciar la autonomía de cada individuo, a menudo crítica y disidente, o la cohesión social? ¿Hay obligación de educar a todo el mundo de igual modo, o debe haber diferentes tipos de educación según la “clientela” a que nos dirijamos? Si atendemos los modernos conceptos de “escuela inclusiva” y “atención a la diversidad”, la exageración del criterio sociologista en los planteamientos de la coeducación relegaría a un segundo término el proceso de maduración de cada persona, para acentuar el traslado a las nuevas generaciones de los modos de pensamiento y conducta generalmente aceptados. El planteamiento coeducativo sería así un rodillo homogeneizador:

máster universitario

Coeducación

Igualdad de oportunidades: atención personalizada

Las ideas de la “atención personalizada”, la “atención a la diversidad”, y la “educación diferenciada” propician un enfoque de la tarea educativa que atendería más a las características diferenciales del crecimiento, que no pueden ni deben ser soslayadas desde la antropología pedagógica. Alumnos y alumnas han de tener un mismo curriculum, una misma preparación que coadyuve la igualdad de oportunidades. Pero la equidad exige un tratamiento educativo idéntico en algunos aspectos y diverso en otros, porque igualdad no es uniformidad. Ignorar las diferencias psicobiológicas entre hombres y mujeres y las asimetrías en su desarrollo madurativo no es una buena manera de concebir la igualdad. Eso es lo propio de los planteamientos pedagógicos dominantes. Contrario sensu, en la escuela no se puede considerar discriminatorio ni contrario a la igualdad el respeto a la persona individual y a sus diferencias individuales, es decir, a todas y cada una de las personas, sean hombres o mujeres.

La Institución Libre de Enseñanza fue la primera que trajo a España, a fines del siglo XIX, los planteamientos coeducativos. Sin embargo, como escribió la reconocida institucionista Pura Sáiz en 1929, en vísperas de la IIª República:

“Malhaya a la cultura universitaria si ha de arrancar a la mujer la feminidad que las Escuelas Normal Central y Superior (facultades de Magisterio) trataron de afirmar. Cultura que no hace a la mujer más mujer, no la educa: la desnaturaliza”. (C. Sáiz, “La revolución del 68 y la cultura femenina”, 121)

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2 comentarios

  • Ricardo Gay Férriz
    10/02/2014 en 13:59

    ¡Totalmente de acuerdo con lo que aquí se dice!
    Desde la European Association Single Sex Education, EASSE, trabajamos en la misma dirección. La Educación Diferenciada en estos momentos en España, por ser escasa, no accesible a los padres de la escuela pública, y por los muchos prejuicios que se tienen, fruto de una historia pasada y por la desinformación que hay en la actualidad al respecto, es una gran desconocida. Al final, los grandes perjudicados son los propios alumnos a quienes no se les facilita nada más que un tipo de agrupamiento escolar: el mixto. En contra partida, en la escuela privada -quien se la pueda pagar, claro…- o en muchos otros países con muchos más años de democracia que en nuestro país, las familias pueden optar por una escuela gratuita, tanto mixta como diferenciada. Y es que a cada uno de nuestros hijos les puede venir mejor un modelo que otro. Nadie discute ya que la educación de los hijos es la mejor inversión para la propia familia y para el futuro de cada país. El igualitarismo, la despersonalización, la falta de libertad en materia educativa cuesta al Estado, al final, muchísimo dinero, traducido en fracaso escolar, absentismo, dificultad en incorporarse al mercado laboral, etc… Y quien no lo quiera reconocer, al menos deberán admitir que si el Estado no da un amplio abanico de posibilidades a sus ciudadanos, las desigualdades sociales se incrementan; porque siempre habrá quienes, pudiendo pagar por la educación, podrán acceder a muchas más opciones educativas que el resto y garantizar así un futuro mejor para sus hijos.

    • Ana Ortega Larrea
      14/04/2014 en 12:36

      Muchas gracias por tu comentario, Ricardo.

      Estoy totalmente de acuerdo que las desigualdades sociales se incrementan cuando no nos dejan elegir. Como no cambien las leyes y la LOMCE nos facilite la elección, los padres con dinero acabarán por enviar a sus hijos a internados de lujo en el extranjero.

      Un saludo,
      Ana Ortega

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