Aleph… como Borges hubiera soñado

Aleph… como Borges lo hubiera soñado

Por Víctor Charneco

Aleph… La tecnología está consiguiendo hacer real el sueño de muchos escritores. Entre otros, Franz Kafka o Virginia Woolf (por motivos más amplios y reivindicativos, en el caso de esta última) reclamaron la necesidad de “una habitación propia”, y su vigencia como herramienta revolucionaria para acercarse al mundo. Ellos contaban con un instrumento único, radicalmente poderoso, para esa tarea: la imaginación que les ha situado como dos de los autores más destacados de la Historia de la Literatura. Desde esa estancia solitaria, se asomaron a la humanidad, concibieron historias, lugares, personajes que eran gobernados por pasiones o arrasados por las circunstancias de una vida -pobre Gregorio Samsa en ese yo transfigurado- que no siempre se sujetaba a las normas canónicas.

Los ciudadanos del mundo contemporáneo, tómesenos como escritores, alumnos, profesores o simples pasajeros de la vida, lo tenemos

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges y El Aleph

mucho más fácil para abismarnos en la inmensidad que arraiga y se desarrolla más allá de los límites de nuestra percepción cotidiana. Si yo ahora quiero ambientar un relato en las calles desconocidas de Cork, no sólo puedo leer sobre la historia de esa ciudad irlandesa valiéndome de un único clic, sino que incluso, desde la comodidad operativa de mi silla de trabajo, ciertas herramientas tecnológicas de acceso gratuito me permitirán hacer un viaje virtual por sus calles, conocer la proyección exacta de sus edificios, entender la tonalidad de su luz e incluso, estoy convencido de que será así pronto, percibir su olores o la humedad de su atmósfera.

Internet es el prodigio; la insatisfacción del hombre y su capacidad para innovar, la palanca imprescindible para poner a nuestro alcance un escenario sin límites. En una progresión exponencial, las posibilidades que se nos abren desde las puertas de nuestros ordenadores se multiplican incesantemente; tal vez Borges tuvo la presciencia de este momento cuando nos regaló ese Aleph donde “todo los puntos del universo” estaban recogidos. Hoy, el cristal líquido de nuestros monitores se compone para darnos casi cualquier cosa que deseemos, desplegando ante nuestros ojos una corriente torrencial de conocimiento y opciones, de lo más lúdico a lo seriamente académico, sin excepciones.

Aleph (Infinito en hebreo)

Aleph (Infinito en hebreo)

Hace algunos años, yo mismo participé en la experiencia fascinante de poner en marcha un Máster en Nuevo Periodismo en una universidad on-line; usuario habitual y febril de lo cibernético, recorrí un camino desconocido para encontrarme con estudiantes de comunicación es un escenario virtual, invisible, ubicuo. Con el deslumbramiento de quien es sobrepasado por algo que no es capaz de entender en su totalidad, no sólo comprobé que había alumnos interesados en esa enseñanza deslocalizada que nosotros les ofrecíamos, sino que me encontré con ellos en la pantalla de un ordenador; desde lugares remotos del planeta, leían nuestros textos, planteaban sus dudas e interactuaban sobre las posibilidades del periodismo aplicado a su distante e irreproducible realidad. La experiencia fue extraordinariamente enriquecedora y supuso, además, una revelación: nuestra contemporaneidad, tecnológica y dichosa, permitía el acceso al conocimiento –a cualquier conocimiento- sin limitaciones de tiempo y espacio, con un carácter de universalidad y permanencia que hubiera fascinado a Kafka, Woolf y el propio Borges.

Desde ese momento, vivo con la tranquilidad de saberme sin límites, abierto a cualquier experiencia que se dé en el mundo, con la capacidad de vivir de un modo personal lo que sucede a miles de kilómetros; también de saberme en la posibilidad de adquirir cualquier conocimiento, sin que importe que sólo se imparta en una lejana universidad de las antípodas. La tecnología nos brinda la oportunidad maravillosa de ampliar nuestra formación sin fronteras, de crecer y sumar conocimientos más allá de lo imaginado, derruyendo las barreras de nuestros prejuicios, ensanchando las capacidades y reduciendo el área de sombra de las supersticiones; el privilegio de una habitación propia con muros transparente, de acceso al mundo entero: un Aleph grandioso, un Aleph como Borges hubiera soñado.

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Sobre el autor

www.victorcharneco.comVíctor Charneco es escritor y periodista, con experiencia en formación online desde la perspectiva de la dirección y la docencia, ya que dirigió el primer Máster online de Nuevo Periodismo y fue profesor del mismo. Actualmente ha publicado su primera novela “Devuélveme a las once menos cuarto” de Ediciones Carena. (@victorcharneco)

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