Prevención de conflictos escolares

[themecolor]La importancia de la prevención de conflictos en el ámbito escolar[/themecolor]

Por Ángela Serrano, Co-Directora del Máster Oficial en Resolución de Conflictos en el Aula y Profesora de la Universidad Católica de Valencia

Habitualmente, no se tiene muy clara la diferencia terminológica entre “detección” y “prevención”, esta confusión conceptual suele provocar dos situaciones. Por una parte, limitar el campo de acción de las personas implicadas; en el caso de la violencia escolar, la acción de los miembros del centro escolar —profesores, alumnos y padres—, como simples receptores de la información. Por otra parte, que los programas se aborden desde medidas de protección o intervención, obviando la detección y, por tanto, la atención de los casos de manera particular.

Esta última opción es un error que no nos podemos permitir cuando hablamos de víctimas de violencia. Y menos cuando esas víctimas, son menores, como es el caso de la violencia escolar, ya que en muchas ocasiones la solución del conflicto pasa por acciones concretas desarrolladas por los adultos.

  Hay varios tipos de prevención:

  1. La prevención primaria: que consiste en un conjunto de medidas que se aplican antes de que el problema se presente.
  2. La prevención secundaria: que se refiere a medidas que afectan a la población de riesgo y que va dirigida a conocer, en especial, los indicadores de detección que presentan según el perfil de los implicados.
  3. La prevención terciaria: que tiene por objeto la intervención terapéutica, educativa, legal, etc.; para solucionar un conflicto ya presente como tal.

En este artículo haremos referencia en especial a la prevención secundaria, concretamente, al reconocimiento de indicadores de detección que deben ser tomados con la importancia que merecen, ya que ayudan a prevenir que el conflicto se agudice (Blaya, 2003), y que en muchos  casos un caso puntual de violencia escolar, termine convirtiéndose en un asedio frecuente que cumpla los criterios del llamado “bullying” o acoso escolar.

La identificación temprana de los indicadores que puede llegar a presentar una víctima o un alumno con problemas para relacionarse puede, en ocasiones, ser decisiva para que el conflicto no derive en violencia.

Bully

Prevención de la violencia y el acoso escolar, una asignatura todavía pendiente

La detección de los casos de violencia escolar es responsabilidad de las personas que pueden solucionar el conflicto, dentro del mismo contexto sin estar directamente implicadas. Esta responsabilidad recae directamente en los adultos que comparten la mayor parte del tiempo con víctimas y agresores y que, además, son parte de sus dos núcleos más importantes de socialización: los padres y los profesores.

En este artículo, haremos mención especial de los indicadores de detección que un profesor debe conocer para actuar a tiempo, y evitar una mayor virulencia de los actos de acoso escolar.

Se  presentan a continuación los siguientes indicadores de detección por parte del profesorado en caso de que un alumno o alumna este siendo victimizado por sus compañeros.

Indicadores de las víctimas (Serrano, 2006)

En clase:

  • Empieza a faltar a clase de forma continua.
  • Sale solo/a de la clase durante un periodo frecuente de tiempo.
  • Se muestra intimidado/a y nervioso/a al intervenir en clase.
  • Sus compañeros/as se mofan de él/ella, cuando participa.
  • Se aísla del grupo, prefiere trabajar en solitario.
  • Casi siempre, llega con el tiempo justo y así evita encontrarse con sus compañeros/as antes.
  • Sale frecuentemente el/la última o primero/a de la clase.
  • Se relaciona poco o nada con sus compañeros/as.
  • Ha entrado en varias ocasiones del recreo con golpes o moratones.

Fuera de clase:

  • Se muestra inquieto/a y nervioso/a.
  • Presenta cambios de estado de ánimo (tristeza y aislamiento, entre otros).
  • Se muestra deprimido/a.
  • Sus estados emocionales negativos son más intensos después de acceder a las redes sociales.
  • Se muestra solitario/a o siempre acompañado/a de la misma persona.
  • Durante el mes ha tenido más de dos problemas con los mismos alumnos/as.
  • Evade encontrarse con determinados compañeros/as de clase.

Indicadores del alumno que se comporta de forma violenta con sus compañeros (Serrano, 2006)

 En clase:

  • Disfruta mofándose de sus compañeros/as cuando participan en clase.
  • Infringe habitualmente las normas de clase.
  • Se muestra rebelde ante las llamadas de atención.
  • Desvía continuamente la atención de la clase hacia él/ella.
  • Evade sus responsabilidades.

Fuera de clase:

  • Se muestra rebelde y transgrede las normas escolares, sociales, etc.
  • Se muestra prepotente y poco reflexivo/a.
  • Se comporta agresivamente por norma.
  • Disfruta mofándose y humillando a su grupo de iguales más cercano cada vez que tiene oportunidad.
  • Falta el respeto como forma de interactuar con los demás para obtener algo o solucionar un problema.
  • Impone su punto de vista y siempre quiere llevar la razón.
  • Se muestra dominante en las relaciones con sus iguales.
  • Pasa muchas horas en chats, redes sociales, etc.
  • Se jacta de sus acciones violentas.
  • Busca la complicidad de los demás y quiere que le rían las “gracias”.
  • Se muestra irreflexivo/a sobre su conducta y no se pone en el lugar de otras personas.
  • Nunca o pocas veces acepta que es responsable de sus actos y pide disculpas.

Son muchas las evidencias de profesorado que permiten concluir que la intervención a tiempo sobre los indicadores brinda la información necesaria para neutralizar el conflicto antes de que se agudice y permite poner en marcha los protocolos necesarios para atender tanto a víctimas como a agresores. A su vez estas mismas investigaciones (Bird y  Sultmann, 2010) demuestran que el profesorado que interviene de forma eficaz en la prevención de los conflictos, aumenta su autoestima, su sensación de autoeficacia y adquiere mayor estatus de autoridad ante los alumnos, que observan que las acciones violentas no quedan impunes en su centro escolar.

Bibliografía:

Blaya, C. (2003): “School violence and the professional socialization of teachers, the lessons of comparatism”, Journal of Educational Administration, 41(6):650-668.

Serrano, A. (2006). Acoso y violencia en la escuela. Cómo detectar, prevenir y resolver el bullying, Barcelona, Ariel.

Bird,  K. y  Sultmann, W. (2010). Social and emotional learning: Reporting a system approach to developing relationships, nurturing well-being and invigorating learning. Educational and Child Psychology 27(1): 142–153.

 

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Angela Serrano
Doctora en Pedagogía. Profesora titular de la Universidad Católica de Valencia, Sus áreas de investigación son los problemas de conducta, la violencia escolar, el maltrato infantil y la inclusión educativa. Es Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en e Aula. Autora de diversos artículos, informes y estudios sobre el tema.

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