Educar las emociones negativas como la ira para la prevención de la violencia

La autoregulación de las emociones negativas como la ira es una necesidad urgente. Tal como esboza Rafael Bisquerra en el siguiente  artículo.

Uno de los principales problemas del siglo XXI será la violencia si no ponemos remedio.  Basta leer las noticias que nos acechan a diario para constatar un progresivo aumento de noticias en este sentido. Solamente en los últimos días hemos nos han bombardeado noticias como las siguientes, para referirnos solamente a titulares de la primera página de periódicos en el mes de julio de 2016: camión en Niza atropella a una aglomeración de personas que celebraban la fiesta nacional francesa, ataque a un centro comercial de Múnich, ataque mortal a la policía de Luisiana en pleno auge de la tensión racial, detenido un comando que planeaba atentar contra los juegos de Río, golpe de estado en Turquía con centenares de muertos, etc. Esto sin hacer mención a la violencia de género que semanalmente se cobra alguna víctima o a los conflictos bélicos declarados en diversas partes del mundo. A lo cual podemos añadir la inseguridad ciudadana, el acoso escolar, la violencia en el deporte, etc. Las noticias sobre actos de violencia están presentes casi a diario en la prensa. Prevenir la violencia es un asunto urgente, pero… ¿Se puede hacer algo para prevenirlo? ¿Hay alguien interesado en la prevención de la violencia? ¿Se puede prevenir?

Hemos de convenir que si el tema fuera sencillo probablemente ya estaría resuelto. Estamos ante uno de los problemas más complejos de la humanidad y por lo tanto cualquier abordaje simple no merece tomarse en consideración. Desde esta perspectiva de la complejidad, y desde la convicción que se debe abordar de forma integral e integrada, incluyendo aspectos y elementos muy distintos, la intención de estas líneas es llamar la atención sobre un aspecto que considero que no se le da la importancia que merece. Me refiero a la regulación de la ira como estrategia para la prevención de la violencia.

Emociones negativas y su autoregulación

Emociones negativas

Las emociones negativas y su autoregulación

 Nos referimos a la ira como una emoción básica que se constituye como una familia de emociones entre las cuales se incluyen rabia, enfado, enojo, furia, cólera, odio, etc.

Muchas veces la violencia se activa a partir de las emociones negativas, como la ira. Sobre todo la ira que no ha sido regulada de forma apropiada. La regulación de la ira es una de las competencias emocionales que cobra toda su importancia en el marco de la convivencia. Solamente el desarrollo de competencias de regulación de la ira como estrategia para la prevención de la violencia ya justificaría la educación emocional.

La violencia, en general, es consecuencia de la ausencia de bienestar emocional. La persona que experimenta bienestar emocional no tiene necesidad de violencia.Los costes de la violencia son enormes, en vidas humanas, sufrimiento moral y dispendios económicos. Por esto merece la pena dedicar esfuerzos a la prevención de la violencia. Esto afecta a la investigación, a la política y a la educación. Desde la educación merece la pena invertir tiempo y energías en la prevención de la violencia.

Una estrategia de prevención es a través de la regulación de la ira, ya que una parte importante de la violencia se origina en la ira. Las investigaciones han demostrado que la regulación de la ira puede ser una estrategia eficaz para la prevención de la violencia. Solamente por atender a este aspecto ya quedaría suficientemente justificada la educación emocional.

Con la respuesta agresiva puede parecer que, de momento, la ira se reduce. Pero a la larga empeora la situación porque, así como el cariño atrae cariño, la agresividad atrae más agresividad, violencia y deseo de venganza.

Regulación de la ira no significa que no hay que expresar la ira. Pensar que expresar ira es siempre inapropiado sería un error. El reto está en expresarla de forma apropiada, no violenta y en el momento apropiado.

Conviene tener siempre presente que la ira nos ayuda a tomar conciencia de las injusticias. Ante las injusticias hay que reaccionar, con ira, naturalmente. Pero esta expresión de la ira no debe de ninguna forma significar violencia.

 

¿Cómo regular la ira?

 

Los conocimientos aportados por las ciencias permiten afirmar que la persona decide cuánto tiempo quiere estar enfadado, aunque no es plenamente consciente de ello. Esto es fácil de decir, pero difícil de poner en práctica. Para ello se requiere mucho entrenamiento.

La respuesta apropiada se puede considerar que, en general, es la asertiva. Pero muchas personas adultas responden de forma pasiva o agresiva. La respuesta pasiva (ira hacia dentro) a la larga perjudica la salud y también favorece la respuesta posterior agresiva pero tal vez de forma indirecta, ya que la acumulación de ira contenida puede derivar a largo plazo en una reacción incontrolada.Con la respuesta agresiva (ira hacia fuera) puede parecer que, de momento, la ira se reduce, o incluso que se logran ciertos objetivos. Pero a la larga empeora la situación porque, así como el cariño atrae cariño, la violencia genera violencia y se puede entrar en una espiral de violencia de efectos imprevisibles.

Es fácil deducir que la forma correcta de tratar la ira es regularla para poder estar bien con uno mismo y con los demás. Regular la ira no significa renunciar a nuestros sueños y deseos. Al minimizar nuestra ira podremos actuar con confianza y resolución. Como consecuencia aumentan las probabilidades de conseguir lo que nos proponemos de forma pacífica.

Aprender a regular la ira debería iniciarse en la familia y en la educación infantil y estar presente a lo largo de primaria y secundaria. Conviene tener presente que es una de las competencias más difíciles de adquirir, pero es una de las competencias más eficaces para prevenir la violencia. En el libro “10 ideas clave. Educación emocional” se incluye un capítulo específico sobre la regulación de la ira como estrategia para la prevención de la violencia con sugerentes propuestas para la práctica, de donde extraemos las siguientes.

 

Aplicaciones a la educación secundaria

 

La adolescencia constituye una etapa de cambios y se caracteriza por la crisis permanente; crisis de personalidad y de efervescencia emocional, cuando no de turbulencia.

El adolescente se ve enfrentado al desarrollo, en primera instancia, de su identidad y a la necesidad de conseguir la independencia de la familia, manteniendo al mismo tiempo la vinculación y la pertenencia al grupo.

Diversas investigaciones han encontrado correlaciones negativas entre impulsividad y autoestima. Lo cual pone de manifiesto que los adolescentescon una baja autoestima muestran altos niveles de impulsividad y estos, a su vez, son los más propensos a desarrollar conductas agresivas.

En esta etapa es muy importante regular la ira, ya que experimentada de forma frecuente e intensa por una persona impulsiva puede ser altamente peligrosa. La ira no regulada de forma apropiada puede derivar fácilmente en conducta agresiva y en violencia.

Las experiencias previas del adolescente condicionan la capacidad de regulación emocional. La influencia de la familia y de los amigos es muy importante. Y a veces es una influencia negativa. Es muy importante que desde la educación formal se tome conciencia de la importancia que tiene entrenar al alumnado en regulación de la ira como estrategia para la prevención de la violencia. Algunas sugerencias es este sentido son las siguientes:

 

  • Relajación
  • Introspección
  • Meditación
  • Respiración
  • Mindfulness
  • Distanciamiento temporal y espacial (zoom out)
  • Aceptar la propia responsabilidad
  • Actitud positiva
  • Reestructuración cognitiva
  • Reencuadre
  • Técnica del semáforo
  • Técnica de la tortuga
  • Simulación
  • Dramatización
  • Role playing

Referencia

Bisquerra, R. (2016). 10 ideas clave. Educación emocional. Barcelona: Graó.

 

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Angela Serrano
Doctora en Pedagogía. Profesora titular de la Universidad Católica de Valencia, Sus áreas de investigación son los problemas de conducta, la violencia escolar, el maltrato infantil y la inclusión educativa. Es Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en e Aula. Autora de diversos artículos, informes y estudios sobre el tema.

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