¿Cómo prevenir la adicción a las redes sociales en jóvenes y adolescentes?, por Enrique Echeburúa

¿Cómo prevenir la adicción a las redes sociales en jóvenes y adolescentes?,

por Enrique Echeburúa, Profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

El atractivo de las redes sociales y de los WhatsApp

Las redes sociales y los sistemas de mensajería son atractivos para los jóvenes porque su sistema de funcionamiento implica la respuesta rápida, las recompensas inmediatas y la interactividad. El uso, en principio,  es positivo, siempre que  no se dejen de lado el resto de las actividades propias de una vida normal (estudiar, hacer deporte, practicar las aficiones, salir con los amigos o relacionarse con la familia). Otra cosa es cuando el abuso de las redes sociales provoca aislamiento en la vida real, induce ansiedad, afecta a la autoestima y le hace perder a la persona su capacidad de autocontrol.

Las motivaciones  para tener cuenta en las redes sociales virtuales (Twitter o Facebook) son múltiples: ser visibles ante los demás, reafirmar la identidad ante el grupo, estar conectados a los amigos o intercambiar fotos, vídeos o música. El anonimato produce terror, del mismo modo que asusta la soledad. Hay jóvenes que  pueden incluso creerse populares porque tienen listas de amigos o seguidores en las redes sociales.

A su vez, el WhatsApp ha adquirido una enorme popularidad como medio de mensajería inmediata, facilitado por su gratuidad. Sin embargo, puede crear problemas en la comunicación, por ejemplo de exclusión social (si no se le integra a una persona en un grupo), de vulneración de la intimidad  (por las posibilidades del copia y pega) o incluso de malentendidos. Así, se puede llegar a discusiones e incluso enfados por no entender el tono irónico o controlador de un mensaje. Asimismo se pueden desarrollar conductas controladoras porque se sabe si una persona ha leído el mensaje, si está en línea o a qué hora se ha conectado por última vez, lo que deja una huella fácil de seguir.

Adicción a las redes sociales

Cualquier inclinación desmedida hacia alguna actividad puede desembocar en una adicción, sin que exista necesariamente una droga de por medio. La adicción es una afición patológica que genera dependencia y resta libertad al ser humano al estrechar su campo de conciencia y restringir la amplitud de sus intereses. En concreto, la interferencia grave en la vida cotidiana de un joven o adolescente, a nivel familiar, escolar, social o de salud, es lo que define a una conducta como adictiva.

Redes socialesAsí, se instaura una adicción cuando la utilización de las redes sociales supone una pérdida de control, una absorción a nivel mental y una alteración negativa en el funcionamiento diario del joven. El adicto disfruta de los beneficios de la gratificación inmediata, pero no repara en las posibles consecuencias negativas a largo plazo. Por ello, el abuso de las redes sociales virtuales puede facilitar el aislamiento, el bajo rendimiento, el desinterés por otros temas e incluso los cambios de conducta (por ejemplo, la irritabilidad), así como el sedentarismo e incluso la obesidad.

La adicción acaba por consolidarse cuando se produce un uso abusivo descontrolado, aparecen síntomas de abstinencia (ansiedad, depresión, irritabilidad) ante la pérdida temporal de conexión, se establece la tolerancia (es decir, la necesidad creciente de aumentar el tiempo de conexión a las redes sociales para sentirse satisfecho) y de ahí derivan consecuencias negativas para la vida cotidiana en el ámbito de la salud, la familia, la escuela y las relaciones sociales.

De este modo, conectarse a la Red siempre que sea posible, meterse en Internet nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, así como reducir el tiempo de las tareas cotidianas, tales como comer, dormir, estudiar o  charlar con la familia, configuran el perfil de un joven adicto a las redes sociales. Más que el número concreto de horas conectado, lo determinante es el grado de interferencia negativa en la vida cotidiana.

En concreto, los adolescentes constituyen un grupo de riesgo porque tienden a buscar sensaciones nuevas y son los que más se conectan a Internet, además de estar más familiarizados con las nuevas tecnologías.

Hay veces, sin embargo, en que en la adicción subyace un problema de personalidad: timidez excesiva, baja autoestima o rechazo de la imagen corporal, por ejemplo. A su vez, los problemas psiquiátricos previos (depresión o fobia social) aumentan el riesgo de engancharse a las redes sociales. En estos casos el abuso de Internet es como el humo que denota la existencia de un fuego más o menos próximo (un problema de personalidad o un trastorno mental), que es lo que realmente hay que tratar.

Estrategias preventivas en el medio educativo y en el ámbito familiar

En general, hay que enseñar a los jóvenes y adolescentes a hacer un uso razonable de las nuevas tecnologías. Para ello, especialmente en el ámbito de la infancia, los padres deben establecer, de común acuerdo con sus hijos, un horario razonable de las distintas tareas a realizar, limitar el tiempo de conexión a Internet (unas 1,5 horas diarias, con excepciones los fines de semana) y revisar los contenidos, lo que resulta más sencillo cuando se ubican los ordenadores en lugares comunes (el salón de la casa, por ejemplo).

Es una función fundamental de los padres y educadores educar a los jóvenes en la valoración y protección de su intimidad, lo que implica enseñarles a no exponer datos personales ni fotografías comprometedoras. Algunos adolescentes acceden a desvelar su intimidad por la presión del grupo, el sentimiento de pertenencia o el deseo de transgredir las normas. Y en el caso de que el sistema preventivo haya fallado, hay que darles seguridad para que, si existe un problema, los jóvenes acudan en busca de ayuda ante los padres o educadores

Asimismo es conveniente que los padres participen activamente en la relación de sus hijos con Internet. Ello significa que deben estar con ellos en la Red, saber por dónde navegan e interactuar con ellos en su mismo lenguaje. Por ello, es conveniente la alfabetización digital de los educadores.

Por otra parte, los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone:

  1. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
  2. Fomentar la relación con otras personas.
  3. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
  4. Estimular el deporte y las actividades en equipo.
  5. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
  6. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.

A modo de conclusiones

Los jóvenes obtienen un nivel global de satisfacción en la vida  que deriva de fuentes diversas, tales como la familia, la pareja, los estudios, las amistades o sus aficiones. Cuando una persona no consigue diversificar sus fuentes de satisfacción o se siente profundamente insatisfecha en algunas de ellas, puede recurrir al mundo virtual en un intento de buscar una compensación de lo que no tiene en el mundo real.

A su vez, el abuso de las redes sociales es un fenómeno que puede denotar la existencia de otras alteraciones (personales o familiares) que hay que saber detectar adecuadamente para abordar el problema en conjunto.

Al margen de la vulnerabilidad psicológica previa, el abuso de las redes sociales puede provocar una pérdida de habilidades en el intercambio personal (la comunicación personal se aprende practicando), desembocar en una especie de analfabetismo relacional y facilitar la construcción de relaciones sociales ficticias.

En resumen, las personas deben aprender a integrar las redes sociales virtuales con las relaciones sociales reales. La riqueza de la comunicación interpersonal requiere de un contacto cara a cara si no se quiere construir relaciones sociales ficticias que antes o después acaban por derrumbarse.

 

El autor de este artículo

Foto Echeburua

Enrique Echeburúa es catedrático de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco y miembro de la Academia Vasca de las Ciencias, las Artes y las Letras (Jakiunde). Ha escrito diversos libros sobre violencia contra la pareja y adicciones (ludopatía, alcoholismo y adicciones sin drogas) e innumerables artículos sobre distintos tipos de violencia.

 

 

 

Fuente de las imágenes: Pixabay

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Isabel Iborra
Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Católica de Valencia. Co-directora del Máster de Resolución de Conflictos en el Aula. Autora, entre otras obras, de Maltrato de Personas Mayores en la Familia en España (Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia: Serie Documentos, nº. 14, 2008)

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